Una conjetura que asalta a este columnista al disponerse a la habitual misión dominguera de analizar-considerar-mostrar y escribir acerca del estado de la Patria, conduce inexorablemente a una primera acción: rejuntar lecturas, historias, análisis, comentarios, decepciones y también temores y arrepentimientos, todos inútiles ahora, es verdad, porque todos son tardíos. Pero también todos enhiestos, porque en un país en llamas alguien tiene que decir ciertas cosas no frívolas.

Por Mempo Giardinelli

Y es que de tanto equivocar rumbos, tantas falsas hipótesis y tanto meter la pata, hoy nuestro todavía y para siempre amado país está naufragando, y mal y miserablemente.

Por eso en estos tiempos políticos todo son espantos y mentiras, en las redes dizque sociales y en la ardorosa realidad cotidiana. Colmados de engaños y falsas informaciones, y frente a tanto alarde de mentiras, amenazas e infos insidiosas, comentarios envenenados y/o inciertos, y análisis interesados en confundir, engañar, alterar y demás porquerías conceptuales, hoy la República Argentina naufraga lentamente en el peor presente de sus más de 200 años de Historia.

En ese contexto, y con 5 décadas de ejercicio profesional, este columnista puede asegurar que en el periodismo argentino jamás hubo tanta mentira, tanta maliciosa información, tanto engaño, tanta falsía y tanto cretinismo concentrado.

Solamente se falseó tanto la verdad cuando las muchas y variadas dictaduras que atravesamos desde por lo menos Lonardi y Rojas y sus secuaces asesinos mataron a centenares de ciudadanos en Plaza en Mayo en la infame mañana del 16 de junio de 1955, cuando flotillas de aviones de la Armada y de la Fuerza Aérea Argentina dejaron caer decenas de bombas y ametrallaron la Plaza de Mayo y la Casa Rosada en Buenos Aires, buscando derrocar al presidente Juan Domingo Perón.

Ataque repugnante por cobarde y traicionero, que dejó más de 300 muertos y 800 heridos, principalmente civiles y niños escolares, convirtiéndose para siempre en el bombardeo más cobarde y más sangriento de toda la Historia Argentina.

La recordación anterior no es moco´e pavo para ninguna Historia, aunque casi seguramente en estos días servirá de bestial diversión para algunos pocos cretinos y gorilas. Y es que esa evocación se justifica porque hoy mismo y contrario sensu, el presente político del Planeta – y obviamente el de este país nuestro que amamos los millones que verdaderamente lo amamos – huele a gas letal y a podrido para cierta flamante mayoría de nuestra hoy sacudida y distorsionada democracia.

El presidente Milei y su gobierno han mentido tanto, y han engañado tanto y tan astutamente a millones de compatriotas, que hoy están siendo –se ve clarito– verdaderas auto-víctimas de sus propios odios, mentiras, necedades y fragilidades mentales y anímicas de tanto escupir para arriba.

Pero la indignación en este texto no se dirige solamente a señalar sino también a denunciar –alguien tiene que hacerlo– las pésimas decisiones de sectores sindicales otrora masivos que hoy están lamentándose o rezando como carmelitas descalzas del Siglo 18.

Y con ellos también muchos inexplicables e indefendibles senadores y diputados que dan quorum para horrores en lugar de por lo menos intentar detener a la canalla politiquera argentina clásica y sobre todo a la ahora más miserable que pulula en estos tempos, en los que resulta tan vergonzoso como inexplicable que dirigentes con camisetas peronistas, radicales y de casi todas las provincias voten y apoyen –con poquísimas excepciones y la mayoría de ellas femeninas– a gobernadores cuestionados, ladrones provinciales, ex ministros inconcebibles y decenas de dizque legisladores carentes de vergüenza.

Es claro que esta nota es temperamental y adolorida. No podía ser de otra manera porque es un hecho, ya, y fogoneado por la irregular Tele porteña, que también la deriva de la República Argentina y su desbarranco letal son indesmentibles, y están contaminando todo lo bueno que tuvo la República Argentina Justa, Libre y Soberana que durante por lo menos el último largo siglo (de 1900 a 2025 por lo menos) fue tierra de ilusión y de luchas sociales para legítimo orgullo de generaciones hoy irrepetibles.

Y siglo en el cual costó tanto crecer y tener justicia y respetabilidad en todo el planeta; y educación de excelencia en todos los niveles; y capacidad de investigación y desarrollo tecnológico a exquisitos y potentes niveles internacionales; y hallazgos en medicina y en todo todo tipo de investigaciones cientificas e industriales que fueron orgullo de varias generaciones argentinas, como también hubo parejo orgullo en las artes y las ciencias médicas y tanto más.

Fue así como nuestra Patria alcanzó una respetabilidad que este cronista confiesa que nunca vio en ningún otro país, y además todo ello en resguardo nacional y popular de las 23 entidades federadas, y la lista es extensa y potentísima, tanto que a este columnista ya no le dan “ganas de llorar” sino que lagrimea escribiendo, con razón y con derecho, y con bronca y junando, porque estos tipos que gobiernan y que una pequeña mayoría del pueblo de esta Nación votó estúpida e irresponsablemente – todo hay que decirlo – han resultado nomás la mierda que se temía.

Ahí están ahora a la vista esas catervas de imbéciles y resentidos, de chorizos y semianalfabetos que son la verdadera casta aunque se autopretenden luchando contra otras castas, y todos celebrando – como tarados analfabetos -, la destrucción de la Patria que nos legaron San Martín, Belgrano, Rosas, Sarmiento y la Parda María heroica y sangrante, y decenas de otros próceres recientes como Perón y Evita, Palacios e Illia, y Alfonsín y Néstor y Cristina, por lo menos, quienes soñaron, amaron y consolidaron esta Nación con aciertos y errores pero sin dudas con un amor que estos tipos de ahora no pueden ni siquiera entender y por eso son tan brutos y violentos.

Publicado en Página 12

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