Según permite comprobar el nuevo y muy buen sitio lahistoriariver.com, en porcentaje de puntos obtenidos el DT riverplatense más exitoso de la historia no fue un hombre formado en el club sino el húngaro Imre (Emérico) Hirschl, con un 70,14 % fruto de 125 triunfos, 29 empates y 38 derrotas. Pero Hirschl fue para River mucho más que eso.

Fue quien hizo debutar en 1ra. a José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera, las más grandes figuras de aquella espectacular formación de los años 40 llamada “La Máquina”. Y quien con esas y otras decisiones sentó las bases del “paladar negro” del club, como se llama al gusto de sus hinchas por jugadores y equipos que más allá de ganar jueguen un fútbol muy vistoso.

Antes de Hirschl – a quien contrató en 1934 tras pagarle una buena suma para que lo largara a Gimnasia y Esgrima La Plata -, River no tenía en absoluto esa impronta: el equipo del club campeón de 1932, de hecho, jugaba básicamente para que Bernabé Ferreyra (el gran 9 por el que pagaron una cifra récord ese año) le pegara fuerte y la metiera desde cualquier lado con ese tiro que le valió apodos como “Balazo” o “El Mortero de Rufino”.

Por esto, me río mucho cuando algunos que saben muy poco de la historia del fútbol – aunque creen saber mucho – dicen que “el técnico de River tiene que ser de River”, haciendo referencia con eso no sólo alguien formado en el club sino que sea hincha “millonario”.

No: el técnico de River debe ser por mandato histórico alguien como Emérico Hirschl. Que, básicamente, priorice la formación y promoción desde el semillero del club de figuras con las características necesarias para jugar ese fútbol de “paladar negro” que no se consigue a la vuelta de la esquina o comprando volantes paraguayos de Talleres de Córdoba.

Ese del toque, la rotación, la gambeta y las paredes que con Hirschl hicieran Moreno y Pedernera, y que más tarde produjeran J. J. López y Alonso o Aimar y Saviola: ese es el fútbol de River. No este de pelotazo, fuerza y corridas que propuso últimamente Gallardo, que será muy del riñón de River pero pareció en este último ciclo no tener en claro esa identidad riverplatense que él mismo encarnara alguna vez dentro de un campo de juego.

Ah, ¿saben ustedes si alguna vez River le hizo un homenaje a Hirschl? Si no fue así, sería bueno que alguna vez se lo hiciera, ¿no creen? Al fin y al cabo, nunca es tarde para reconocer y recordar cómo, por qué y gracias a quienes el club supo ser la mayor escuela de futbolistas destacados de la Argentina y posiblemente del continente, además de una potencia que obtenía un título detrás de otro.

Tiempos muy lejanos al parecer. Y olvidados por muchos.

Esteban Bekerman/patreon.com

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