El psicopedagogo Diego Mussin analizó el abordaje del bullying en la escuela y en la familia. Señaló la importancia de detectar cambios de conducta en niños y adolescentes, activar protocolos institucionales y trabajar en la prevención a través de valores y espacios de diálogo. También remarcó el papel de la familia en el seguimiento cotidiano y la necesidad de escuchar a los jóvenes.
“Hay hablarlo principalmente, pero sobre todo actuar, ver las señales tempranas que aparecen porque los niños y los adolescentes sobre todo, dan muchas señales de alarma”, afirmó en los estudios de CIUDAD TV.
Según explicó, esos indicios suelen aparecer en cambios de conducta que pueden observarse en la vida cotidiana. “Hay que ver cómo era el ritmo de este adolescente en el día a día y qué cambios significativos se están produciendo: el retraimiento, una hipersensibilización, un casi mutismo selectivo, por llamarlo de alguna manera”, indicó. También mencionó la disminución de la comunicación y el aislamiento como signos a tener en cuenta.
El especialista señaló que, además de lo conductual, pueden aparecer manifestaciones físicas o psicosomáticas. “Uno ve que significativamente la comunicación baja, hay retraimiento, aislamiento. Y después de lo físico ni hablar, incluso lo psicosomático también uno puede empezar a percibir algunas cuestiones ahí”, explicó.
Protocolos escolares y señales dentro del aula
En el ámbito educativo, Mussin recordó que las instituciones cuentan con procedimientos establecidos para intervenir ante estas situaciones. “En las escuelas se activa un protocolo que está bajado del Ministerio”, señaló.
No obstante, advirtió que antes de llegar a esa instancia es necesario prestar atención a situaciones que suelen naturalizarse dentro de la dinámica escolar. “Hay que empezar a ver esas pequeñas cosas como el aislamiento. Un chiste donde no se ríen todos no es chiste, es burla, y burla es una forma de violencia encubierta”, afirmó. En ese sentido, indicó que la violencia no siempre se expresa mediante agresiones físicas.
Prevención y trabajo en valores
Para Mussin, el abordaje del bullying debe centrarse principalmente en la prevención. “Desde mi punto de vista es más conveniente cambiar valores”, sostuvo. Y agregó que esos valores deben trabajarse de manera cotidiana en distintos ámbitos.
“Un valor que requiere la sociedad en el día a día, como amigo, como estudiante, como adulto, como compañero. Entonces estos valores ir inculcándolos todos los días, porque si uno no los inculca de manera colectiva, después sí tiene que trabajar sobre las consecuencias”, explicó.
En el aula, propuso generar espacios de diálogo para abordar el problema y visibilizar el sufrimiento que produce. “Se pueden hacer talleres, conversatorios, poner sobre la mesa el malestar de la persona que sufre, porque acá hay una persona que lo está sufriendo, un niño o un adolescente”, señaló.
El psicopedagogo también subrayó la responsabilidad de la familia en el acompañamiento de niños y adolescentes. “Nosotros nos podemos enterar de los retos en TikTok cuando pasa una tragedia. Tenemos que saber en qué está este chico, en qué está este adolescente”, planteó.
En ese sentido, sostuvo que el rol familiar es fundamental para detectar cambios y acompañar procesos. “La tarea de la familia es indelegable”, afirmó. Y agregó que, aunque muchas veces los adultos tengan jornadas laborales extensas, la clave está en el vínculo cotidiano: “No es tanto el tiempo sino la calidad de tiempo”.
“Vamos a tener que empezar a estar un poco más atentos a qué nos están diciendo los chicos, qué nos están diciendo los adolescentes, no tanto cuando hablan, sino cuando no hablan”, indicó.
Asimismo, señaló que la adolescencia es una etapa particularmente sensible, ya que se construyen aspectos centrales de la identidad. “Hay dos grandes ventanas en el desarrollo que son la niñez y la adolescencia, y en la adolescencia lo más complejo es que se está construyendo identidad y personalidad”, explicó.
En ese contexto, advirtió que el bullying puede generar una sensación de exclusión que impacta directamente en la vida emocional de los jóvenes. “Si este adolescente no se siente seguro en un espacio que debería ser de pertenencia, la reflexión que le merece es: ¿dónde me siento seguro yo?”, expresó.
Por último, sostuvo que la sociedad en su conjunto debe revisar cómo se vincula con las nuevas generaciones. “Tal vez lo que nos conmovía a nosotros no es lo que los conmueve a ellos. Tenemos que empezar a escuchar”, concluyó.
