La probabilidad de que se desarrolle entre mayo y julio es de un 61 %, aumentando a casi un 90 % para finales de año. La posibilidad de que se convierta en un evento muy fuerte es de un 25 % hasta el momento. América Latina y el Caribe deben prepararse.

Una búsqueda sencilla en internet que incluya la palabra “fenómeno de El Niño” por estos días lleva a un gran número de artículos acompañados de las palabras “alerta” y “superniño”. ¿La razón? Recientemente, organizaciones científicas, como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), indicaron que La Niña, que venía presentándose en forma débil, iba a dar paso a condiciones neutras y que, para finales de año, podrían dar lugar a un episodio de calentamiento de El Niño.

El pronóstico ha levantado un interés particular no solo porque, efectivamente, sirve para que los países se preparen, sino porque algunos medios le han puesto apellidos alarmantes, incluyendo el de “niño Godzilla” o hablando de la posibilidad de que se convierta en uno de los fenómenos más intensos en siglos.

Pero como la meteorología es una ciencia de variables, es importante entender lo que se sabe y lo que no sobre este Niño, así como lo que podría significar para América Latina y el Caribe. Eventos de El Niño como los vividos en 2023 dejaron sequías, olas de calor, incendios forestales y lluvias extremas a lo largo de la región, impactando la salud, alimentación y energía.

Lo que se sabe: habrá ‘Niño’

“El Niño viene y esto nos permite saber que hay que prepararnos”, aclara Bárbara Tapia Cortés, de la Organización Meteorológica Mundial. Según el más reciente reporte de la NOAA – del 13 de abril – las condiciones neutras se mantendrán entre abril y junio de 2026, con un chance del 80%, y se espera que El Niño se desarrolle entre mayo y julio con una probabilidad del 61%, persistiendo hasta, al menos, finales de 2026.

De hecho, para el trimestre que va entre noviembre de este año a enero de 2027, los chances de El Niño son del 90%. A diferencia de otros fenómenos meteorológicos, explica la experta, “El Niño se puede empezar a predecir con tiempo y tenemos, como población, seis meses de alerta para tomar acciones”.

Sobre lo que no hay certeza: su fortaleza

Los fenómenos de El Niño – así como su contraparte, La Niña – se declaran cuando la temperatura superficial del océano en un punto específico del Pacífico, justo en la mitad, permanece 0,5°C por encima del valor promedio histórico durante tres meses. Dependiendo de cuánto suba ese valor, que empieza en 0,5°C y puede ser mayor a 2°C, se define si es un Niño débil, moderado, fuerte o muy fuerte.

Y, para finales de año, la posibilidad de que suceda cualquiera de esas opciones sigue siendo un 25%. En la terminología oficial, agrega Tapia, no existen adjetivos como “superniño” o “niño Godzilla”. Han sido, entonces, apodos que se le han dado a la posibilidad de un Niño muy fuerte que, hasta el momento, tiene una probabilidad de 1 en 4 de ocurrir.

¿Por qué hay sensación de alerta?

Lo primero, como dice la meteoróloga, es porque ante la incertidumbre sobre qué tan fuerte puede llegar a ser, lo mejor es prepararse. El científico climático Tom Di Liberto, de Climate Central, además, explica que la cantidad de agua caliente que hay en el océano Pacífico es sustancial si se compara con otros años. “Los modelos están prediciendo oscilaciones muy marcadas.

Y aunque los porcentajes no son una certeza absoluta, sí son mucho más altos que lo habitual para esta época del año”, señaló durante una rueda de prensa. “Cuando se habla de riesgo, es mejor prepararse para cualquier escenario”, también advirtió.

¿Cómo impactará a América Latina y el Caribe?

Hay otro tema en el que coinciden los expertos: ningún Niño se comporta igual a otro y, en cada región, país o incluso ciudad, su impacto cambia. Esto porque El Niño o La Niña son solo una de las variables que juegan un rol en el tiempo. Además, un Niño durante los meses de junio a agosto – el verano para el hemisferio norte – no se comporta igual que a finales de año, cuando es invierno en Estados Unidos y Europa.

Aclarando esto, sin embargo, según la NOAA, el patrón de un Niño en mitad de año es que genere condiciones cálidas para Ecuador, Perú, el sureste de Brasil y el norte de Chile, y humedad en el centro de este último país. En Centroamérica, el Caribe y el norte de Colombia y Venezuela, su efecto es el de calor y sequía.

Patrones de El Niño, junio-agosto

Cuando ocurre a finales de año, en cambio, la tendencia es que genere condiciones cálidas y húmedas en algunas costas pacíficas de Colombia, Perú y Ecuador; sequía en el norte de Brasil, Guyana, Surinam y Guayana Francesa; calor al sureste de Brasil, y humedad en el sur de este último país, Uruguay y el noreste de Argentina.

“La recomendación es seguir de cerca lo que dicen las autoridades locales porque tenemos certeza de que El Niño viene”, recuerda Tapia. Y son estas las que pueden aterrizar el fenómeno a las condiciones de cada lugar.

‘El Niño’ y huracanes

La pregunta sobre cómo El Niño impactará la temporada de huracanes – en el océano Pacífico comienza a mitad de mayo y, en el Atlántico, en junio – solo se puede responder a partir de las tendencias que se han visto con otros fenómenos. “Cada Niño es distinto”, insiste Di Liberto. Generalmente, El Niño reduce la actividad de huracanes en el Atlántico, mientras que hace la temporada más activa en el Pacífico.

Pero en un contexto de cambio climático, que ha calentado la superficie del océano alrededor de 0.9°C desde finales del siglo XIX, según la OMM, las lógicas que se conocen tanto sobre El Niño como La Niña podrían ser más extremas o distintas.

El País

Share.