Dos alumnas de la Escuela Industrial de Resistencia desarrollaron un proyecto para remover arsénico del vital líquido utilizando desechos de algarrobo.
La emoción todavía atraviesa los pasillos de la EET 21 “General Manuel Belgrano” de Resistencia. Entre tubos de ensayo, apuntes y largas horas de investigación, un grupo de estudiantes logró algo histórico: quedar entre los cinco finalistas argentinos del Premio Junior del Agua de Estocolmo 2026, uno de los certámenes juveniles más prestigiosos del mundo en materia ambiental.
El proyecto, desarrollado por las estudiantes Ámbar Virginia Carolina Palacios Gómez y NahiaraRomero junto con el acompañamiento del profesor Danilo Medina, propone el diseño de un material absorbente de arsénico elaborado a partir de residuos de madera de algarrobo.
La iniciativa nació de una experiencia personal de Ámbar durante un viaje al interior chaqueño. “Una señora me contó que no tomaba agua de la canilla porque le dejaba mal sabor y tenía que pedir bidones desde la ciudad. Ahí empecé a investigar qué pasaba con el agua en esas zonas”, relató la joven a NORTE.
La investigación la llevó a descubrir los altos niveles de arsénico presentes en aguas subterráneas de distintas localidades chaqueñas. “Hay estudios que muestran hasta 100 microgramos litro, cuando la OMS establece un máximo de 10”, explicó.
Pensada desde el Chaco
A partir de allí, las alumnas comenzaron a estudiar alternativas accesibles para remover el contaminante. Inspiradas en investigaciones previas realizadas con bambú, decidieron adaptar la idea a los recursos disponibles en la provincia. “Acá no tenemos bambú, pero sí mucha madera. Investigando encontramos que gran parte del algarrobo que ingresa a los aserraderos termina siendo desecho. Entonces pensamos en aprovechar esos residuos para producir biocarbón y modificarlo con sales de hierro para absorber arsénico”, contó Ámbar.
El trabajo combina ciencia, conciencia ambiental y aprovechamiento de recursos regionales. Según explicaron, el material tendría una eficiencia teórica cercana a 85% para reduci la presencia de arsénico en el agua. Aunque todavía no pudieron realizar pruebas definitivas por falta de equipamiento y reactivos específicos, el jurado valoró el potencial innovador y el fuerte impacto social del proyecto.
Próxima parada
La final nacional se realizará el próximo 4 de junio en la sede de Aidis Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, los cinco equipos seleccionados deberán defender oralmente sus investigaciones frente a especialistas y profesionales vinculados a la temática del agua. Las estudiantes preparan actualmente una presentación en inglés y la exposición técnica del proyecto. “El ganador representará a la Argentina en Suecia. Sería algo increíble”, confesó
Ámbar, quien además sueña con estudiar Ingeniería Química en la UTN y luego ingresar al Instituto Balseiro de Bariloche. Mientras tanto, la comunidad educativa busca reunir fondos para costear el viaje a Buenos Aires. “Recibimos la noticia hace apenas unos días y todo fue muy rápido. Estamos organizándonos con los padres y la escuela para poder viajar”, explicó el profesor.
En medio de la expectativa, el orgullo ya está instalado. Porque detrás del proyecto no solo hay ciencia:
también hay jóvenes pensando soluciones para problemas concretos de su provincia.
Fuente: Norte
