Antes de discutir nuevos aumentos en las tarifas de la electricidad, el gas natural, los combustibles líquidos y el GNC, la Argentina necesita conocer con absoluta transparencia cómo se forman realmente los costos de producción del petróleo, sus derivados, el gas natural y la energía eléctrica. Sin esa información, cualquier debate sobre tarifas, subsidios o competitividad queda inevitablemente incompleto.
Por el Ing. José Sesma
Cada comienzo de mes vuelve a instalar un tema que preocupa tanto a las familias como al sector productivo: los aumentos en las tarifas de los servicios públicos y en los precios de los combustibles.
Más allá de las distintas posiciones que puedan existir respecto de la política tarifaria, considero que el debate debería comenzar por una pregunta fundamental:
¿Conocemos realmente cuánto cuesta producir la energía en la Argentina?
Sin información técnica, pública y transparente sobre la estructura de costos, cualquier discusión corre el riesgo de apoyarse más en percepciones que en datos objetivos.
Esta inquietud no es nueva. Hace varios años publiqué uno de mis libros bajo el título “Costo Real de la Generación de la Energía”, donde desarrollé precisamente uno de los interrogantes que hoy vuelve a cobrar plena actualidad: ¿Cómo se calcula realmente el costo de generación de la energía eléctrica en la Argentina, expresado en megavatio-hora (MWh)?
La respuesta técnica es mucho más compleja de lo que habitualmente se difunde. En el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), el costo marginal de la energía se determina tomando como referencia el combustible utilizado por la última unidad generadora que ingresa al sistema para satisfacer la demanda.
Durante la década de 1990 esa referencia estaba dada, en gran medida, por las centrales turbodiésel, cuyo elevado costo operativo incidía directamente sobre el precio marginal de la electricidad.
A partir de 2016 comenzó a modificarse ese criterio, desplazando progresivamente al gasoil como combustible de referencia y adoptando al Gas Natural como combustible sustituto predominante. En consecuencia, el verdadero costo del gas en el PIST (Punto de Ingreso al Sistema de Transporte) pasó a convertirse en una de las variables más importantes para comprender el costo real de generación eléctrica.
Precisamente por ello resulta indispensable conocer con transparencia cuál es el precio efectivo del gas natural en el PIST antes de emitir cualquier opinión sobre el costo de producir electricidad o sobre los incrementos tarifarios.
La evolución tecnológica también modificó profundamente la eficiencia del parque generador argentino. Las antiguas centrales alimentadas con gasoil, además de presentar elevados costos operativos, poseen menores rendimientos térmicos y generan mayores emisiones contaminantes debido al material particulado característico de ese combustible.
En cambio, la incorporación de centrales termoeléctricas de Ciclo Combinado Brayton–Rankine, alimentadas principalmente con Gas Natural, permitió incrementar significativamente la eficiencia energética del sistema, reducir el consumo específico de combustible y disminuir el costo de producción por cada megavatio-hora generado.
Un ejemplo representativo es la Central Térmica Costanera, el mayor complejo termoeléctrico de la Argentina, con una capacidad instalada aproximada de 2.305 MW. Tanto el Ciclo I como el Ciclo II operan mediante tecnología Brayton–Rankine utilizando Gas Natural como combustible principal, alcanzando rendimientos muy superiores a los obtenidos por los tradicionales motores de ciclo diésel.
Por ello, cuando la sociedad debate sobre aumentos en las tarifas eléctricas, en los combustibles líquidos o en el Gas Natural Comprimido (GNC), debería comenzar por conocer cuáles son los verdaderos costos técnicos que intervienen en la generación de la energía y cuál es la incidencia real que tiene el precio del combustible dentro de toda la estructura tarifaria.
Para determinar con objetividad si una tarifa resulta razonable, excesiva o si aún mantiene subsidios, primero deberíamos conocer algunos parámetros técnicos fundamentales:
- ¿Cuál es el verdadero Valor Boca de Pozo (VBP) del petróleo producido en la Argentina?
- ¿Cuál es el precio real del gas natural en el PIST (Punto de Ingreso al Sistema de Transporte)?
- ¿Cuál es el costo efectivo de generación de la energía eléctrica según cada tecnología utilizada?
- ¿Qué incidencia tienen el transporte, la distribución, la carga tributaria y los costos regulatorios sobre la tarifa que finalmente pagan los usuarios?
- ¿Qué participación tienen los impuestos nacionales, provinciales y municipales en el precio final de la electricidad, el gas natural, los combustibles líquidos y el GNC?
Existe, además, otro aspecto que merece una reflexión profunda.
Argentina posee una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta y es un país productor de petróleo y gas natural. En ese contexto resulta inevitable formular otra pregunta: ¿Qué ventaja competitiva debería representar esta condición para los hogares, la industria, el comercio y la producción nacional frente a aquellos países que dependen de la importación de hidrocarburos?
Responder este interrogante exige analizar toda la cadena de valor energética: desde la extracción del petróleo y del gas, pasando por su industrialización y transformación en combustibles y electricidad, hasta los costos de transporte, distribución, impuestos, regulación y comercialización que finalmente conforman el precio que pagan los usuarios.
Con frecuencia el debate público se concentra exclusivamente en el porcentaje de aumento de las tarifas o de los combustibles. Sin embargo, pocas veces se analiza cómo se construye realmente ese precio. Sin conocer la composición integral de los costos resulta muy difícil evaluar si el valor que abona el consumidor refleja efectivamente el costo del servicio o si incorpora otros componentes que permanecen poco visibles para la sociedad.
En un país con recursos estratégicos como Vaca Muerta y numerosas cuencas hidrocarburíferas distribuidas a lo largo del territorio nacional, la disponibilidad de energía debería constituirse en un verdadero factor de competitividad para impulsar el desarrollo económico, la industrialización, las inversiones, la generación de empleo y la mejora de la calidad de vida de los argentinos.
Por ello considero indispensable avanzar hacia una mayor transparencia en la información energética. Conocer los costos reales de producción permitiría enriquecer el debate público y comprender con mayor claridad cuál es el verdadero peso que tienen la producción, el transporte, la distribución, la carga impositiva y los distintos componentes regulatorios dentro de la tarifa final.
Me gustaría conocer la opinión de colegas especializados en la materia, entre ellos el Ing. Andrés Repar, reconocido profesional en infraestructura energética, así como la de ingenieros, economistas, académicos, empresarios, representantes del sector productivo, organismos reguladores y funcionarios vinculados a la política energética nacional.
Mi intención no es polemizar ni cuestionar decisiones en particular. El objetivo es promover un debate técnico, transparente y sustentado en información verificable. Comprender cómo se conforman realmente las tarifas constituye un paso indispensable para diseñar políticas energéticas sostenibles, competitivas y socialmente equilibradas.
Estoy convencido de que el intercambio de conocimientos, el análisis riguroso de los costos y la participación de especialistas enriquecen las decisiones públicas y contribuyen al desarrollo del país.
Porque una política energética sólida no debería construirse únicamente sobre aumentos tarifarios o subsidios, sino sobre información clara, eficiencia económica, previsibilidad y una visión estratégica de largo plazo.
Antes de discutir cuánto más deberá pagar el usuario, deberíamos conocer con precisión cuánto cuesta realmente producir la energía que consume la Argentina.
Solo cuando esa información sea plenamente transparente podremos debatir con fundamentos si las tarifas reflejan – o no – la realidad de los costos de producción.
¿Cuál es su opinión?
