El historiador y diputado provincial Rubén Guillón declaró ante la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal y presentó los resultados de su investigación histórica sobre la masacre ocurrida en 1933.

La causa incorporó además bibliografía y documentación del Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI-CONICET Nordeste) y de otros archivos históricos. La Fiscalía Federal de Resistencia trabaja en un pedido para realizar un Juicio por la Verdad oral y público, similar al desarrollado por la Masacre de Napalpí.

La investigación judicial que busca esclarecer la Masacre de El Zapallar y determinar si los hechos ocurridos en 1933 constituyeron un crimen de lesa humanidad sumó nuevos elementos documentales y testimoniales. El pasado 12 de agosto, el historiador y diputado provincial Rubén Guillón declaró ante la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal, donde expuso los resultados de su reconstrucción histórica sobre uno de los episodios de violencia estatal contra comunidades indígenas registrados en el Chaco.

Guillón ya había aportado a la causa ejemplares del diario La Voz del Chaco y de la revista Estampa Chaqueña, certificados de defunción de víctimas, el organigrama del municipio de El Zapallar correspondiente a 1932, un croquis de la localidad con la ubicación de los lugares donde ocurrieron los hechos y distintos trabajos de historiadores.

Durante su declaración, el historiador reconstruyó el contexto en el que se produjo la masacre y sostuvo que la población indígena que llegó hasta El Zapallar lo hizo con la intención de conseguir alimentos y trabajo.

“En septiembre del año 193, en la entonces ‘Colonia El Zapallar’, se produjo un hecho de represión violenta de fuerzas policiales y algunas personas civiles lugareñas del poblado, para con un grupo de personas ajenas a la localidad y que estaba compuesto por indígenas de la etnia Mocoví del Chaco. La población de El Zapallar se enteró que estaban por llegar un grupo de indígenas que no pertenecían a las tribus cercanas y consideraron que representaban un peligro para los lugareños”, declaró Guillón.

Y agregó que “la columna de indígenas que se había aproximado al pueblo, luego de permanecer varios días en cercanías del casco urbano, tenía la intención de tan solo para pedir comida y trabajo y como respuestas recibieron balas y palos por parte del grupo armado”.

Un informe oficial de 1936, incorporado como prueba

Uno de los elementos destacados durante la declaración fue el Informe N° 4 de la Comisión Honoraria de Reducciones, elaborado en 1936. Guillón consideró especialmente relevante el relato oficial sobre la forma en que se produjo el ingreso de la columna indígena a El Zapallar.

El documento señala: “Divididos en tres grandes grupos, marchaban adelante las mujeres y los niños, a continuación los viejos, y a cierta distancia un tercer grupo constituido por adultos, queriendo significar que iban con carácter de paz y a pedir socorro. El movimiento fue mal interpretado, y reunido un grupo de pobladores armados a las órdenes del Comisario, recibieron a tiros a la miserable columna, haciendo por incomprensión una estúpida carnicería.”

En el tramo final de su testimonio, Guillón remarcó que la documentación histórica permitiría sostener que no existió una conducta agresiva por parte de la columna indígena: “Por no lograr entender y comprender que los movilizados indígenas lo hacían pidiendo alimentos y trabajo, fueron recibidos a tiros. Lo cual indica que en ningún momento se advirtió actitudes o comportamientos agresivos o violentos de los indígenas. Todo lo contrario, ingresando pacíficamente, fueron recibidos a tiros, o sea, fueron reprimidos, fueron masacrados, teniendo en cuenta que los primeros en ingresar fueron las mujeres y los niños y luego los ancianos”.

El aporte del IIGHI-CONICET Nordeste

Otro avance significativo fue la incorporación de material bibliográfico y documental aportado por el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI-CONICET Nordeste), cuyo equipo realizó un relevamiento de su biblioteca para identificar trabajos vinculados de manera directa o contextual con la masacre.

Entre los materiales incorporados se encuentran cuatro libros del historiador Oscar Ernesto Mari: El Territorio Nacional del Chaco durante la etapa conservadora 1930-1943; La gestión del gobernador Juan Vrillaud en el Territorio Nacional del Chaco (1932-1933); Inseguridad y Bandidaje en el Territorio Nacional del Chaco. 1918-1940 y José Conrado Castells y su obra de Gobierno en el Chaco (1933-1938).

También fueron incorporados Huelgas, Balas y Piquetes. Los Movimientos algodoneros de 1934 y 1936 en territorio chaqueño, de Julián Herrera; Territorio Algodonero. Procesos de construcción de la Identidad socio-productiva vinculados al algodón en el Chaco, de Cristina Valenzuela; y Tres Ciclos Chaqueños. Crónica Histórica Regional, de Guido Miranda.

El aporte documental incluye además El Chaco de 1940, de la Comisión Organizadora de la Primera Exposición sobre el Territorio Nacional del Chaco; la Guía del Chaco Año IV 1925-1926, editada por Juan Moro; un trabajo sobre el aporte de Pedro Alfonso Barberán a la historiografía de El Zapallar, de Diego Tolosa; y el mencionado Informe N° 4 de la Comisión Honoraria de Reducciones de 1936.

La búsqueda de un reconocimiento como crimen de lesa humanidad

La investigación sobre El Zapallar tiene como antecedente el Juicio por la Verdad por la Masacre de Napalpí, en el que la Justicia Federal reconoció la responsabilidad estatal y declaró los hechos como delitos de lesa humanidad en el marco de un proceso de genocidio.

En el expediente por El Zapallar también fueron incorporados testimonios de sobrevivientes, entre ellos Pedro Balquinta, Ramona Pérez y Justino Lalecori, además de declaraciones de descendientes de víctimas.

La causa reúne asimismo documentación judicial de la época, publicaciones periodísticas, certificados de defunción y distintos trabajos históricos que permiten reconstruir el contexto social, político y económico en el que ocurrieron los hechos.

Entre la bibliografía incorporada figuran De la algarroba al algodón, de Edgardo Cordeu y Alejandra Sifredi; Historia de los aborígenes, de Orlando Sánchez; Del olvido a la esperanza, de Eduardo Barreto; y El Zapallar tenemos historia, de Rubén Guillón.

También se sumaron Guaycurú tierra rebelde. Tres sublevaciones indígenas, de Jorge Luis Ubertalli; Movimientos milenaristas de los aborígenes chaqueños entre 1905 y 1933, de Leopoldo Bartolomé; Reducciones estatales indígenas ¿Espacios concentracionarios o avance civilizatorio?, de Marcelo Musante; y Memorias del Gran Chaco, de Mercedes Silva.

A esto se agregó documentación remitida por el Archivo Histórico Monseñor Alumini, entre ella un informe de 1914 sobre la Reducción Napalpí realizado por Arribalzaga, un suplemento especial de La Voz del Chaco sobre la reducción publicado en 1930 y el libro Historia de la Provincia del Chaco, de López Piacentini, que aborda, entre otros aspectos, los períodos de sequía que atravesó la región.

Qué ocurrió en El Zapallar

La Masacre de El Zapallar ocurrió en septiembre de 1933, en un contexto marcado por una fuerte sequía que agravó las condiciones de hambre y extrema vulnerabilidad de las comunidades indígenas del entonces Territorio Nacional del Chaco.

A comienzos de ese mes, alrededor de 300 personas de familias moqoit partieron desde la Reducción Napalpí hacia El Zapallar, actual General José de San Martín, con el objetivo de solicitar alimentos y trabajo. El recorrido fue de aproximadamente 100 kilómetros y estuvo encabezado por el cacique Luis Durante, mientras que durante la marcha se fueron sumando pequeños grupos provenientes de Charata, Quitilipi y Sáenz Peña.

El 7 de septiembre, las familias intentaron ingresar a la localidad divididas en pequeños grupos. Según la reconstrucción histórica incorporada a la causa, mujeres y niños avanzaron primero como una forma de demostrar las intenciones pacíficas de la columna.

La respuesta fue una represión armada. Por orden del comisario Francisco Prestera, efectivos de la comisaría local, refuerzos llegados desde Resistencia y civiles armados dispararon contra los integrantes de la columna, bajo el argumento de que se trataba de un supuesto ataque de un malón.

Las estimaciones históricas ubican en alrededor de 50 el número de personas indígenas asesinadas durante la represión.

Los próximos pasos

La causa todavía tiene medidas pendientes. Entre ellas se encuentra la presentación de un informe del historiador Alejandro Jasinski sobre el conjunto de pruebas reunidas en el expediente y la declaración del historiador chaqueño Julián Herrera.

En paralelo, la Fiscalía Federal trabaja en un pedido dirigido a la jueza federal Zunilda Niremperger para avanzar hacia la realización de un Juicio por la Verdad oral y público, siguiendo el antecedente establecido por la causa de la Masacre de Napalpí.

De concretarse, la instancia permitiría reconstruir judicialmente los hechos ocurridos hace casi nueve décadas y avanzar en la determinación de las responsabilidades estatales, así como en el reconocimiento de la Masacre de El Zapallar como un crimen de lesa humanidad.

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