El control del Congreso del país de norte definirá el próximo martes el margen de maniobra de la Casa Blanca durante los próximos dos años, en unos comicios decisivos para el futuro del mandatario republicano
Ante miles de sus seguidores en un mitin en San Antonio, días atrás Donald Trump les hizo un pedido con un mensaje implícito que lo que está en juego en las trascendentales elecciones de medio término del martes es mucho más que el control del Congreso. “No los estoy obligando, solo tienen que fingir que aparezco en la boleta”, les suplicó, con su habitual estilo personalista, ilusionado en que su figura podrá salvar a muchos candidatos republicanos de una derrota en las urnas.
Aunque el nombre de Trump no está en las papeletas para unos 250 millones de votantes en Estados Unidos, los comicios que redefinirán el futuro de su mandato no solo se han convertido en un referéndum sobre su turbulenta segunda gestión, sino que a la vez serán un hito que empezará a delinear el propio legado del presidente en la que será su última elección con continuidad en el poder.
El presidente, que se puso al hombro el tramo final de la campaña con mítines en estados claves, aspira a mantener las mayorías de su partido tanto en el Senado (renueva 35 de 100 bancas) como en la Cámara de Representantes (la totalidad de sus 435 asientos están en juego) para presentar el resultado como una ratificación del rumbo de su gobierno y de su propio estilo. Y, a la vez, fortificarse para moldear la carrera por su sucesión en 2028.
Sin embargo, esta vez la misión parece imposible. Con una desaprobación récord a su gestión que se mantiene en torno al 60%, las encuestas anticipan que los demócratas recuperarán el control de la Cámara baja, mientras que la pulseada por el Senado se vislumbra más cerrada, aunque también con buenas expectativas para la oposición. Las batallas decisivas serán Kansas, Iowa, Maine, Texas, Ohio, Alaska y Michigan.
De acuerdo a las proyecciones divulgadas el viernes por The Cook Political Report, los demócratas podrían recuperar la Cámara de Representantes con entre 227 y 240 escaños (la mayoría se alcanza con 2018), su mayor número de bancas desde 2009.
“Gran parte del problema [para los republicanos] deriva de la alta inflación, los precios de los combustibles y de los alimentos, la situación económica general y la agresiva política migratoria. La situación no mejoró bajo el gobierno de Trump”, apuntó Hans Noel, politólogo y profesor del Departamento de Gobierno en la Universidad de Georgetown, en Washington.
Sea cual sea el resultado del martes, los expertos coinciden en que estas elecciones de mitad de mandato marcarán el puntapié de la batalla política sobre el futuro del país, enmarcado en el final de la era Trump. Aunque el magnate, de 80 años, coqueteó más de una vez -con bromas y frases sugestivas- con presentarse para un nuevo mandato, está impedido por la Constitución.
El índice de aprobación de Trump es de solo 32%, según la última encuesta de Reuters-Ipsos. La última vez que un presidente de Estados Unidos registró un nivel tan bajo, y tan cerca de las elecciones de mitad de mandato, fue en el caso de Harry Truman en 1946, durante la posguerra (alrededor del 30% de imagen positiva).
“Trump prefiere actuar de manera unilateral, una tendencia que difícilmente cambiará durante sus dos últimos años de mandato”, aventuró Lee, al referirse a cómo podría desempeñarse el presidente tras una eventual derrota de los republicanos el martes.
“Ese enfoque hace que su legado sea mucho más vulnerable a ser revertido por sus sucesores que si hubiera logrado sacar adelante leyes concretas. De hecho, gran parte de lo que llevó a cabo por esta vía durante su primer mandato terminó siendo revocado por Joe Biden”, recordó.
La Nación
