Tormentas concentradas, suelos saturados y ventanas de trabajo cada vez más cortas complican la trilla. La soja entra en etapa crítica y el maíz avanza con demoras puntuales, mientras el factor climático condiciona los resultados.
El clima volvió a meterse de lleno en la recta final de la campaña gruesa. Con lluvias intensas pero desparejas, focos de tormentas y una marcada oscilación térmica, los últimos informes de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Bolsa de Comercio de Rosario trazan un escenario de alta incertidumbre para la cosecha, donde conviven alivio hídrico y riesgo operativo.
La perspectiva agroclimática semanal advierte que las precipitaciones se concentrarán en una franja diagonal que va del noroeste al centro-este del área agrícola, con eventos que pueden ser muy abundantes y localmente severos, mientras amplias zonas quedarán con aportes escasos . Esta distribución desigual profundiza un patrón que se viene repitiendo en las últimas semanas: regiones con exceso de agua y otras que todavía arrastran déficit.
En paralelo, el ingreso de aire frío y el rápido retorno de condiciones cálidas generarán una fuerte oscilación térmica, con mínimas por debajo de lo normal y máximas que en el norte pueden superar los 35°C, lo que suma presión sobre los cultivos en etapas sensibles.
Excesos, demoras y caminos complicados
En la región núcleo, el impacto del clima ya es concreto. Las lluvias de los últimos días dejaron acumulados de entre 70 y más de 130 milímetros en el noreste, con picos de hasta 190 mm en el centro de Santa Fe . El resultado es un mapa productivo cada vez más heterogéneo.
“Empiezan a aparecer sectores con riesgos a excesos”, advierte el informe de la Bolsa de Rosario, que identifica al menos tres zonas críticas con suelos saturados y vulnerables a nuevas precipitaciones . En esos casos, el problema ya no es la falta de agua sino el impacto sobre la logística: caminos rurales deteriorados, dificultades para el ingreso de maquinaria y riesgo de pérdidas de calidad.
La preocupación crece porque la cosecha de soja está a punto de comenzar. “Toda la atención está puesta en levantar la cosecha de soja”, señalan técnicos relevados en la región, que advierten que el cultivo es especialmente sensible a los excesos hídricos en esta etapa .
El maíz, en tanto, muestra un mejor desempeño operativo: ya se recolectó el 65% del área, con rindes promedio de 105 quintales por hectárea, aunque con demoras puntuales en zonas anegadas.
Alivio hídrico con impacto limitado en rindes
Más allá del volumen de agua acumulado, el efecto sobre los cultivos no es lineal. Las lluvias llegaron tarde para cambiar de forma significativa el resultado de la campaña en soja.
Según los técnicos de la región núcleo, el impacto será “más bien marginal” en soja de primera, aunque podría haber mejoras puntuales en siembras tardías y en soja de segunda . En zonas golpeadas por la sequía durante el verano, el aporte hídrico permitió evitar pérdidas mayores, pero no recuperar el potencial perdido.
En el denominado “triángulo de sequía”, las precipitaciones recientes permitieron sostener rindes “algo más aceptables”, con lotes que pasaron de estar al borde de perderse a proyectar entre 15 y 20 quintales por hectárea .
Hacia adelante, el foco vuelve a estar en el corto plazo. Los pronósticos indican nuevas lluvias en los próximos días, con el ingreso de sistemas frontales que podrían sostener la inestabilidad. En este contexto, el desafío para el sector no será solo productivo sino también operativo: aprovechar las ventanas de buen tiempo para avanzar con la cosecha y minimizar pérdidas.
Con un marzo que ya superó los promedios históricos de precipitaciones en gran parte del país y un otoño que arranca con alta variabilidad, el clima se consolida como el factor decisivo en el cierre de la campaña. La diferencia entre una mejora o un deterioro en los resultados dependerá, cada vez más, de dónde y cuándo caiga la próxima lluvia.
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