A siete kilómetros del centro de Ushuaia está el basurero que recibe los residuos de la ciudad más austral de Argentina. El lugar, evitado por sus habitantes, es, en cambio, un punto de peregrinación de observadores de aves de todo el mundo. Llegan en busca de una figurita difícil, el matamico blanco. Los restos de comida atraen a esta elegante ave carroñera, de color oscuro, garganta blanca y una intensa franja naranja en la cara.
Por allí pasaron varios de los cerca de 150 turistas que el 1 de abril se embarcaron en el MV Hondius rumbo al archipiélago de Cabo Verde, entre ellos el matrimonio holandés que fue el primero en presentar síntomas de hantavirus en alta mar. Se sospecha que ellos pudieron transmitírselo a otros ocupantes de la embarcación. Hasta ahora hay ocho casos detectados por la Organización Mundial de la Salud. Tres de ellos han fallecido.
Fuentes oficiales confirmaron a El País que ese basurero es uno de los lugares donde los epidemiólogos buscan rastros de roedores infectados. Las autoridades provinciales y la población local aguardan los resultados con escepticismo. En primer lugar, porque nunca se ha registrado un caso de hantavirus en Ushuaia ni en ningún otro lugar de la provincia a la que pertenece, Tierra del Fuego.
Además, el recinto está vallado, por lo que los turistas que se acercan a ver aves no lo hacen entre los residuos, sino desde fuera, o por un sendero. El hantavirus se contrae al inhalar partículas de heces, orina o saliva de un roedor infectado: el riesgo en espacios abiertos como un vertedero es inferior al que de lugares cerrados con escasa ventilación, como un depósito, una granja o las instalaciones de un camping.
El brote más letal en Argentina
Argentina sufre su temporada más letal de hantavirus: 101 infectados y 32 muertos, según el último boletín epidemiológico nacional. Los infectólogos piden extremar las medidas de prevención y la vigilancia epidemiológica. Aquellos familiarizados con la variante Andes sur creen que es difícil, aunque no imposible, que haya casos sin detectar. “Acá no tenemos otras enfermedades con síntomas parecidos que puedan confundirse”, dice Enzo Lavarra, médico del hospital de Esquel.
Comienza a manifestarse como una gripe – fiebre alta, dolores musculares, fatiga o vómitos -, pero los casos más graves degeneran rápido en síndrome pulmonar por hantavirus, con complicaciones cardiorrespiratorias y una tasa de mortalidad que supera el 30%. En el MV Hondius, el primer pasajero murió el 11 de abril. La segunda, el 26 de ese mes. La tercera, el 2 de mayo.
Solo hay una especie de roedor que sea reservorio de la variante Andes sur del hantavirus, el Oligoryzomys longicaudatus. Su hábitat son las zonas boscosas y de sotobosque del centro de la Patagonia chilena y argentina, unos mil kilómetros al norte de Ushuaia. Allí, el hantavirus es endémico.
El Ministerio de Salud provincial no ha respondido a las consultas de este medio sobre el vertedero. La información facilitada insiste en la ausencia de registros del virus en la zona. El guía ornitológico Esteban Daniels cuenta que hizo de guía de aves por Ushuaia y sus alrededores de algunos de los turistas a bordo del crucero, aunque no de la pareja holandesa.
El vertedero es uno de los puntos de avistamiento habituales por la gran cantidad de especies que convoca, pero Daniels duda que haya sido el origen del foco. “No tiene mucho sentido que se hable del basural, en todo caso puede haber ratas, no ratones”, opina. “Vive gente cerca y nunca se supo de ningún caso”, agrega una fotógrafa.
Otros residentes cuentan que al lado del vertedero pasa una ciclovía transitada y no lejos de allí hay una playa a la que suelen ir. Nadie se enfermó de hantavirus. La ciudad sigue la noticia entre la indiferencia del resto de Argentina y cierto temor por el impacto que tendrá el brote del crucero en el turismo, la principal fuente de ingresos local.
Entre noviembre y abril, los meses más cálidos del hemisferio sur, el MV Hondius, un buque polar, lleva pasajeros a conocer la Antártida desde Ushuaia. Cuando termina la temporada, atraviesa el Atlántico hacia el norte con escalas en islas remotas como las Sándwich, Tristán de Acuña, Santa Elena y Ascensión. Ese itinerario anual atrae a “observadores de aves, fotógrafos y gente a la que le gustan los lugares extremos”, detalla Daniels. Los viajeros esperaban avistar especies endémicas de la zona, como el rasconcillo de Tristán de Acuña o el gigantesco albatros de Tristán, entre muchas otras otras.
Una investigación abierta
El Ministerio de Sanidad de Argentina informó el jueves que hasta el momento no ha sido posible confirmar el origen del contagio. La investigación continúa abierta. Se sabe que la pareja de jubilados holandeses, de 69 y 70 años, pasó cuatro meses recorriendo Argentina, Chile y Uruguay por carretera.
Los primeros síntomas comenzaron a los pocos días de navegación, lo que permite inferir que pudieron contagiarse en tierra firme hasta tres semanas antes por el período de incubación del patógeno.
El País
