Ante un levantamiento peronista, la Revolución Libertadora asesinó a cinco personas que fueron detenidas ilegalmente y otras siete sobrevivieron. La investigación icónica del periodista. El 17 de junio próximo comienza un juicio por la memoria donde se acusa al Estado por delitos de lesa humanidad.

En la madrugada del domingo 10 de junio de 1956, un grupo de hombres fue fusilado en un basural de José León Suárez por orden del jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Desiderio Fernández Suárez. El marco era la dictadura de la Revolución Libertadora, que comandaban Aramburu y Rojas. Intentaban sofocar el levantamiento peronista del general Valle. Cinco hombres murieron y siete sobrevivieron.

Los hechos permanecieron enterrados hasta que en diciembre de 1956 el periodista Rodolfo Walsh recibió la información de que “hay un fusilado que vive”. Investigó y denunció el hecho en el emblemático libro Operación Masacre, la primera obra del periodismo narrativo argentino. A setenta años, en la Justicia federal de San Martín está por comenzar un juicio por la verdad contra el Estado por delitos de lesa humanidad.

La reunión en un PH de Florida

La reunión en el PH de Florida comenzó en la noche del 9 de junio. La excusa formal del encuentro de un grupo de hombre era escuchar la pelea de boxeo que esa noche disputaban en el Luna Park el campeón Eduardo Lausse contra el chileno Loayza.

La casa está en Hipólito Yrigoyen 4519, esquina Franklin, Florida Oeste. En el chalet al frente vivía Horacio Di Chiano, que esa noche estaba junto a su familia y Miguel Ángel Giunta, un vecino escuchando la pelea. El departamento del fondo lo alquilaba Juan Carlos Torres, que esa noche, en secreto, lo puso a disposición del movimiento de resistencia. Allí también se acercan algunos hombres solo para seguir la pelea y jugar a los naipes. En total son una decena.

Nicolás Carranza salió de su casa del barrio obrero de Boulogne. El trabajador ferroviario conocía del posible levantamiento de Valle. Pasó a buscar a su compañero y vecino Francisco Garibotti.

Mario Brión vivía en Florida, a la vuelta de la casa del encuentro. Fue invitado a escuchar la pelea. Carlos Lizaso, 21 años, llegó caminando. Su novia encontraría después una nota que decía: “Si todo sale bien esta noche…”

Vicente Rodríguez le dijo a su mujer “me voy a trabajar”. En el camino se cruzó con Juan Carlos Livraga, indeciso en un bar, y lo invitó. Livraga no tenía ninguna militancia.

“¿Dónde está Tanco?”

El teniente coronel retirado Desiderio Argentino Fernández Suárez, jefe de la Policía y militar retirado, irrumpe a las 23.30 en la casa con un grupo de oficiales para sofocar el supuesto complot.

Pedí por el militar Raúl Tanco, que secundaba a Valle en la sublevación, pero no hay rastros de él en la casa de Florida.

No hay resistencia de los hombres en ninguna de las dos viviendas. Pero Fernández Suárez decide detenerlos a todos. Solo uno logra escapar corriendo.

Comisaría y Ley Marcial

Los detenidos son trasladados a la Unidad Regional de San Martín, donde les retiran las pertenencias. Recién a las 00.30 del 10 de junio – al día siguiente de las detenciones- se declara la Ley Marcial.

A las 02.30 el vice Issac Rojas anuncia que el levantamiento de Valle está controlado. Hubo enfrentamientos en varios puntos del conurbano y de la provincias. El saldo total fue de 32 personas muertas.

Cerca de las 4, desde La Plata, Fernández Suárez exige fusilar a los detenidos, según reveló Walsh en Operación Masacre. Que la detención haya ocurrido un día antes de la Ley Marcial es el hecho clave que descubrirá en su investigación, porque significa que los fusilamientos fueron ilegales.

Fusilados en un basural

A las 05.30, los detenidos son trasladados en un camión celular con quince policías de custodia.

El destino es un basural en José León Suárez. Mientras los faros iluminan el terreno, la policía obliga a los detenidos a caminar y luego les disparan. Cinco mueren en el acto o son rematados con un tiro de gracia. Otros salen corriendo, se hacen los muertos o están malheridos, pero sobreviven.

“Hay un fusilado que vive”

Seis meses después de la masacre, en diciembre de 1956, en un bar de La Plata, alguien le cuenta a Rodolfo Walsh la existencia de uno de los sobrevivientes. Es el caso de Livraga, que hace una denuncia judicial. El periodista comienza una investigación que terminará en el emblemático libro.

elDiarioAR

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