Eugenio Milani, referente de Fundación Urunday, reconstruyó los orígenes de la Bienal Internacional de Escultura y destacó cómo una iniciativa que comenzó en la plaza 25 de Mayo se convirtió en un evento de alcance mundial. También valoró el patrimonio escultórico de Resistencia y el potencial turístico y educativo que genera para la provincia.

La Bienal Internacional de Escultura nació como una propuesta impulsada por Fabriciano Gómez para trasladar a Resistencia la experiencia de los concursos escultóricos que conoció en Europa. Así lo recordó Eugenio Milani, referente de Fundación Urunday, quien repasó en diálogo con CIUDAD TV el recorrido de un evento que hoy convoca a artistas de todo el mundo y forma parte de la identidad cultural de la capital chaqueña.

Milani recordó que su vínculo con el proyecto comenzó a partir de su relación con el Fogón de los Arrieros. “Desde que llegué al Chaco me enamoré del Fogón de los Arrieros, realmente un lugar muy especial. Tuve la suerte de que me eligieran en muy poco tiempo para ser la llave del Fogón”, señaló.

Sobre los inicios de la Bienal, explicó que Fabriciano convocó a un grupo de referentes locales para poner en marcha la idea. “Así lo convocó básicamente a Reynaldo Martínez, que era un periodista reconocido en ese momento y aparte era director de Turismo de la provincia. Ahí nace la posibilidad y, a partir de ahí, de la mano de Fabriciano vino Efraín Boglietti, Mimo Eidman, Reynaldo Martínez, Carlos Cufias, Ana María Tayana y yo”, relató.

La primera experiencia se desarrolló en la plaza 25 de Mayo y reunió a 32 escultores de distintas provincias del país. “La idea era no repetir del mismo lugar los escultores, los escultores tenían que venir de distintas provincias. En ese momento era sólo nacional y era en madera”, explicó.

Milani destacó que aquellos encuentros también funcionaron como espacios de aprendizaje para los propios artistas. “Fue como una escuela para los mismos escultores”, sostuvo, al recordar cómo algunos comenzaron a incorporar herramientas como la motosierra en sus procesos de trabajo.

El referente de Fundación Urunday señaló que el interés social despertado por aquella primera edición fue una señal de que el proyecto tenía futuro. Tras la consagración de la obra ganadora, se generó un debate público que se extendió durante meses. “Eso nos dio una pauta de que se había producido un interés en la gente de ver qué pasaba con eso”, recordó.

A partir de esa experiencia se constituyó la Fundación Urunday, con el objetivo de dar continuidad y organización al proyecto. En los años siguientes llegaron cambios importantes, entre ellos el reemplazo de la madera por el mármol como material principal de trabajo.

“Decidimos por el mármol para que las obras que se hacían en los distintos concursos vayan a formar parte también de ese museo al aire libre que todavía era muy incipiente”, explicó.

Con el crecimiento de la convocatoria, la Bienal dejó de realizarse en la plaza 25 de Mayo y se trasladó al predio del Domo del Centenario. “Un día tuvimos que decir: ‘No podemos seguir en la plaza. Vamos a ir a la zona del Domo’”, recordó.

Actualmente, la Bienal alcanza una dimensión internacional. Milani destacó que en la edición anterior más de un millón de personas recorrieron el evento y remarcó el interés creciente de los artistas por participar. “Para esta última Bienal se inscribieron más de 400 escultores de todo el mundo, de 70 países. Lo que nos demuestra que realmente hay un interés en participar”, afirmó.

También resaltó el valor que representa para los escultores ser seleccionados. “Para los escultores haber sido elegidos para participar de una de las bienales es un logro adquirido”, expresó.

Milani consideró que uno de los principales patrimonios construidos a lo largo de estas décadas es el museo urbano que conforman las esculturas distribuidas en la ciudad. “Es una satisfacción para nosotros poder hacer que esta ciudad tenga prácticamente 700 esculturas de distintos autores, de distintos materiales, distintas tendencias”, señaló.

Además, planteó la importancia de consolidar a Resistencia como un destino de formación para estudiantes de arte de todo el país. En ese sentido, destacó el rol del Premio Desafío, que reúne equipos de estudiantes de escuelas de bellas artes para crear una obra en apenas 48 horas.

Otro de los aspectos que valoró fue la relación entre los escultores y el público chaqueño. “Hay algo que tiene mucho valor, que nos marca una diferencia muy grande con el resto de los concursos que hay en el mundo, que es la gente. La cordialidad, el entusiasmo con que se acerca, habla, consulta y opina. Eso el escultor no lo ve naturalmente en ningún otro lugar del mundo”, afirmó.

“El Chaco históricamente no está visto como un lugar turístico. Sin embargo, tenemos muchas cosas dignas de ser visitadas y ser un corredor turístico, como las aguas termales, El Impenetrable, los meteoritos y la ciudad de las esculturas”, concluyó.

Share.