Aunque el empleo creció 1,6% interanual (+212.827 ocupados), la mejora volvió a sostenerse sobre bases cada vez más frágiles. La totalidad de los nuevos puestos de trabajo fueron informales, mientras que el empleo formal se redujo en casi 157 mil personas. Además, el informe de la Consultora Politikón revela que cerca de siete de cada diez nuevos ocupados fueron trabajadores por cuenta propia y la tasa de informalidad alcanzó el 44,2%, el nivel más alto de los últimos años.
En resumen, durante el primer trimestre de 2026, el mercado laboral argentino mostró una expansión en términos de cantidad de ocupados: el empleo creció 1,6% interanual, equivalente a la incorporación de 212.827 trabajadores. Sin embargo, ese resultado agregado esconde un deterioro en la calidad de las nuevas inserciones laborales.
La expansión del empleo estuvo impulsada principalmente por el trabajo por cuenta propia, modalidad que explicó cerca de siete de cada diez nuevos ocupados, mientras que el empleo asalariado permaneció prácticamente estancado. Al mismo tiempo, la tasa de informalidad laboral alcanzó el 44,2% del empleo total, su nivel más elevado de los últimos años, como consecuencia de una destrucción neta de puestos formales y una fuerte expansión del empleo informal.
En este contexto, los datos muestran que la recuperación del mercado laboral continúa apoyándose sobre bases cada vez más frágiles. La totalidad de los nuevos puestos de trabajo generados durante el último año correspondieron a ocupaciones informales, al tiempo que el empleo formal registró una caída interanual. Así, la mejora de los indicadores de ocupación convive con un proceso de precarización creciente, caracterizado por un mayor peso del autoempleo, una pérdida relativa del trabajo asalariado y una expansión sostenida de las modalidades laborales de menor calidad.
Análisis
Al primer trimestre de 2026, en los aglomerados urbanos de la Argentina se registraron 13,47 millones de trabajadores en las distintas modalidades ocupacionales. De ese total, el 71,8% correspondía a asalariados, el 24,2% a cuentapropistas, el 3,7% a patrones y el 0,3% a trabajadores familiares sin remuneración.
En comparación con igual período del año anterior, los patrones (+0,3 puntos porcentuales) y los cuentapropistas (+0,7 p.p.) incrementaron su participación relativa, mientras que los asalariados (-0,9 p.p.) y los trabajadores familiares sin remuneración (-0,1 p.p.) la redujeron. Si se observa la serie histórica para los primeros trimestres (2017-2026), el cuentapropismo alcanzó en 2026 su segundo mayor nivel de participación, quedando apenas por debajo del máximo histórico registrado en 2021 (24,4%).
En contrapartida, el empleo asalariado igualó el menor registro de toda la serie (también observado en 2021). En términos acumulados, entre 2017 y 2026 la participación del trabajo por cuenta propia aumentó 3,3 puntos porcentuales mientras que la del empleo asalariado retrocedió 2,4 p.p.
Si se analiza la dinámica reciente de creación de empleo, se observa que en el primer trimestre de 2026 la cantidad de ocupados creció 1,6% respecto de igual período de 2025, equivalente a 212.827 nuevos trabajadores.
De ese total, el cuentapropismo explicó 144.894 nuevos ocupados (+4,6% interanual); el trabajo asalariado aportó 35.705 empleos (+0,4% interanual) y los patrones sumaron 44.913 puestos (+10,0%), mientras que los trabajadores familiares sin remuneración se redujeron en 12.685 personas (-23,1%).
En este contexto, la expansión del empleo muestra un perfil claramente sesgado hacia modalidades de inserción no asalariadas. Cerca de siete de cada diez nuevos ocupados correspondieron al cuentapropismo, mientras que el empleo asalariado exhibió un crecimiento prácticamente estancado. En otras palabras, el mercado laboral continúa generando ocupación principalmente a través de estrategias de autoempleo.
Sin embargo, esa no constituye la única señal de fragilidad. Más allá del predominio de modalidades de inserción asociadas al autoempleo, el mercado laboral enfrenta un problema de mayor profundidad: el avance de la informalidad. En efecto, en el primer trimestre de 2026 la tasa de informalidad laboral agregada alcanzó el 44,2%, profundizando la tendencia observada en los últimos años.
El indicador se ubicó 2,2 puntos porcentuales por encima del registrado en igual trimestre de 2025 (42,0%) y 3,4 puntos por encima del de 2024 (40,8%). De ese modo, la totalidad de la expansión del empleo observada durante el período se explicó por puestos de trabajo informales.
En términos absolutos, el empleo formal se redujo en 156.786 puestos de trabajo respecto al primer trimestre de 2025 (-2,0% interanual), como resultado de la caída tanto entre los asalariados formales (-133.184; 2,2%) como entre los cuentapropistas formales (-58.049; -4,9%). En sentido contrario, el empleo informal incorporó 379.708 nuevos trabajadores (+6,8% interanual), impulsado por el crecimiento de los asalariados informales (+168.889 personas; +4,8%) y, especialmente, de los cuentapropistas informales (+214.468; +11,2%).
Este comportamiento pone de manifiesto que el crecimiento del empleo observado en el período no estuvo acompañado por una mejora en su calidad. Por el contrario, el mercado
laboral no solo generó ocupaciones mayormente vinculadas al autoempleo, sino que además lo hizo bajo condiciones de informalidad.
De esta manera, la creación neta de puestos de trabajo convivió con una destrucción de empleo formal, deteriorando la composición del mercado laboral y ampliando la proporción de trabajadores sin acceso a derechos laborales, cobertura previsional ni mecanismos de protección social.
De este modo, la combinación de un empleo asalariado con escasa capacidad de expansión y un dinamismo concentrado en ocupaciones informales sugiere que la recuperación del mercado laboral continúa apoyándose en estrategias de subsistencia antes que en un proceso de generación de empleo de calidad, con implicancias de largo plazo sobre la productividad, los ingresos y la sostenibilidad del sistema de protección social.
El avance de la informalidad no responde únicamente al crecimiento del empleo por cuenta propia. También se explica porque una parte creciente del empleo asalariado se genera fuera de los mecanismos formales de contratación. Esto refleja las dificultades que enfrenta el sector privado para incorporar trabajadores registrados en un contexto de bajo dinamismo económico.
Avance de la informalidad, por aglomerados urbanos
Hacia dentro del territorio nacional existe una alta heterogeneidad en cuanto a los niveles y al desempeño de la informalidad laboral. En este marco, hay once aglomerados urbanos donde la informalidad supera el 50% del empleo total: el ranking está liderado por el Gran San Juan con 60,9%, seguido por Gran Tucumán-Tafí Viejo con 56,2% y Santiago del Estero – La Banda con 55,1%.
Un poco más atrás se ubican Jujuy-Palpalá (54,7%), Formosa (53,8%), Posadas (53,4%), Concordia (52,9%), Gran Mendoza (52,3%), Gran Resistencia (52,3%), Corrientes (51,9%) y Gran Salta (51,0%).
Por su parte, hay diecisiete aglomerados con tasas de informales de entre el 30% y 49%, con Gran Córdoba en un extremo (48,5%) y Bahía Blanca-Cerri en el otro (30,0%) y; finalmente, apenas cuatro aglomerados exhiben niveles de informalidad inferiores al 30% siendo estos Neuquén-Plottier (26,4%), CABA (26,0%), Río Gallegos (24,4%) y UshuaiaRío Grande (17,9%).
En ese marco, la gran mayoría de aglomerados incrementó sus niveles de informalidad. Respecto al primer trimestre del 2025, las mayores subas se observan en Posadas (+10,0 p.p.), Jujuy-Palpalá (+6,2 p.p.) y Gran San Juan (+4,3 p.p.); por el contrario, apenas ocho aglomerados disminuyeron sus niveles de informalidad, siendo Gran La Plata (-1,6 p.p.), Río Gallegos (-2,6 p.p.) y Gran Tucumán-Tafí Viejo (-3,5 p.p.) los que lo hicieron a mayor ritmo.
La evolución observada entre los aglomerados urbanos pone de manifiesto que el avance de la informalidad no constituye un fenómeno homogéneo respecto a sus intensidades. Si bien la mayoría de las ciudades registró incrementos en sus tasas de empleo informal, la magnitud de esos cambios fue muy dispar, evidenciando que los mercados laborales locales responden de manera diferente a un mismo contexto macroeconómico.
La persistencia de importantes brechas territoriales, con aglomerados que exhiben tasas inferiores al 30% y otros que superan holgadamente el 50%, confirma que la problemática presenta una fuerte dimensión regional. En ese marco, el comportamiento reciente también muestra que las jurisdicciones con mayores niveles de informalidad no necesariamente son las únicas donde el fenómeno se agrava con mayor velocidad, lo que refleja una creciente heterogeneidad en la dinámica laboral de los distintos centros urbanos.
Politikón Chaco
