La excusa de la administración libertaria es generar una monetización de la economía en dólares, pero lo que busca es generar dólares contables para incrementar artificialmente la oferta de divisas en el mercado de cambio a costa de poner en riesgo el sistema financiero y la solvencia de las empresas. Un mismo dólar da vueltas y vueltas.
El Gobierno habilitó la posibilidad de las empresas de endeudarse en dólares para poder generar una oferta ficticia de divisas en el mercado de cambios, que le permiten al Banco Central incrementar artificialmente las reservas internacionales y financian la fuga de capitales, a costa de poner en riesgo la solvencia de las empresas y romper uno de los pactos democráticos que garantiza la estabilidad del sistema financiero.
La decisión que tomó la administración libertaria no fue pensada con el objeto de facilitar el acceso al crédito de un sector privado que hoy enfrenta tasas elevadas en la moneda nacional sino darle un nuevo impulso a la “calesita” que le permitió al Banco Central comprar reservas generadas con el endeudamiento del sector privado.
El mecanismo es simple: los bancos prestan los depósitos en dólares a las empresas que están obligadas a venderlos en el mercado de cambio y por eso vuelven como nuevos depósitos a las entidades que lo vuelven a prestar, repitiendo la calesita que permite un mismo dólar venderse milagrosamente una y otra vez.
La rueda había encontrado un límite, sólo las empresas vinculadas al comercio exterior o que su facturación de alguna manera está asociada, porque importa o exporta, al dólar o que lograban que alguna otra compañía saliera de garante podían pedir créditos en dólares.
Ese es la restricción que la gestión de Javier Milei removió por decreto y el Banco Central reglamentó: ahora cualquier empresa puede pedir un crédito en dólares y beneficiarse de una tasa de interés sustancialmente más barata (aunque se espera que empiece a incrementarse) que en pesos asumiendo el riesgo de una devaluación, lo que se conoce como el descalce de monedas.
El texto original con la limitación fue dispuesto por el decreto 905 de 2002 que estableció el reordenamiento del sistema financiero después de la crisis generada por el fin de la convertibilidad y la pesificación asimétrica. Pero esa norma luego fue modificada a la redacción actual por la ley 26.546, que aprobó el Presupuesto de Gastos y Recursos de la Administración Nacional para el Ejercicio 2010.
Es decir que ahora Milei está modificando por decreto lo que se estableció por ley en 2009.
Poner fin a este riesgo que fue el detonante de la crisis de la salida de la convertibilidad fue uno de los pactos democráticos que ningún gobierno había puesto en duda: se presta en la moneda que se factura para prevenir una situación de insolvencia general de las empresas en caso de una crisis cambiaria que ponga en riesgo el sistema financiero y el ahorro de los argentinos.
En esta primera etapa, el BCRA establece algunos límites como para y regulando la demanda; los bancos sólo podrán prestar a este nuevo universo de empresas hasta el 15% de los depósitos que tengan en moneda extranjera y establece un 25% más de requisito de capital mínimo y de los límites de exposición crediticia. También deja a criterio de las entidades la determinación de la capacidad de repago de las empresas bajo escenarios de variación del tipo de cambio de diferente magnitud.
Pero todas las regulaciones macroprudenciales que pone ahora el BCRA se pueden ir flexibilizando por sola disposición de la autoridad monetaria, sin intervención del Gobierno ni del Congreso, a medida que necesite alimentar la rueda de liquidación de dólares en el mercado de cambios para financiar la fuga de capitales.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, anunció este último miércoles en el marco de un encuentro con empresarios de IDEA que el Banco Central buscará comprar otros 10.000 millones de dólares para reforzar las reservas para enfrentar el año electoral.
El Gobierno fue generando distintas fuentes de oferta de dólares, como el blanqueo en el primer año de gestión, que incrementó el stock de depósitos en el sistema financiero y habilitó la primera rueda de créditos bancarios, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que aportó 12.000 millones en el segundo año y el incentivo al endeudamiento internacional de empresas a través de la colocación de Obligaciones Negociables y de provincias con la colocación de deuda.
El stock de créditos en dólares alcanzó un máximo y actualmente solo se renuevan, el mercado internacional se cerró parcialmente al sector privado y solo colocan de ON empresas vinculadas al sector energético y las provincias tienen dificultades para emitir deuda en el exterior.
Con todas las fuentes de dólares agotándose, Caputo apuesta ahora a una nueva ronda de endeudamiento privado que alimente la calesita para transitar el año electoral pero si sale mal no podrá esta vez decir que solo se trata de un problema entre privados porque estará en juego la solvencia del sistema financiero y el ahorro de los argentinos.
El Destape/Fernando Alonso
