El documento destaca que “por cada persona que muere por suicidio, hay un promedio de 25 intentos. La mayoría de los casos no llegan a consumarse, por lo que la prevención es posible”. Sobre esa base, se apunta a dar herramientas a profesionales de la salud para la intervención rápida.
A medida que se habla más del tema y se dimensiona la gravedad que muestran las estadísticas, es necesario disponer de más herramientas contra el suicidio. Sobre todo en la franja etaria que más registra su incremento: la juventud. Con ese objetivo, la Facultad de Psicología de la UBA presentó la Guía breve para la prevención, detección y abordaje de la conducta suicida en jóvenes.
El equipo de profesionales que impulsó la Guía está encabezado por Martín Etchevers, titular de la Secretaría de Investigaciones de esa casa de altos estudios.
Se trata de un trabajo que unifica criterios de detección temprana en la población juvenil: “El objetivo principal de esta guía es asistir a los profesionales de la salud en la prevención y detección rápida de señales de alerta de riesgo suicida en adolescentes y adultos jóvenes y en la implementación de respuestas inmediatas”.
“La prevención es posible”
La guía detalla los indicadores disponibles sobre esta problemática que crece a nivel global en general y en Argentina en particular. “En general, la ideación suicida es mucho más frecuente que los intentos de suicidio, los cuales, a su vez, superan ampliamente la consumación del suicidio”, señala el documento. Aproximadamente, por cada 100 adolescentes con ideación suicida, entre 10 y 20 realizan un intento de suicidio, y por cada 25 intentos, uno resulta en la consumación del suicidio.
Las mujeres presentan el doble de ideación e intentos de suicidio que los hombres, pero ellos tienen una tasa de suicidio consumado hasta tres veces mayor que ellas. Según los últimos datos nacionales publicados, entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 intentos de suicidio al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud: el 61 % correspondió a mujeres. La proporción de intentos con resultado mortal fue del 2,1 % en las mujeres y del 10,8 % en los varones. Es decir, una letalidad aproximadamente cinco veces mayor en el sector masculino.
Las tasas más elevadas de notificación se concentraron en adolescentes y jóvenes: el grupo de 15 a 19 años presentó 124 intentos cada 100.000 habitantes, seguido por el de 20 a 24 años, con 114 cada 100.000. Entre los 15 y 19 años, la tasa de intentos en mujeres duplicó la de los varones; sin embargo, ellos presentaron una proporción mayor de intentos con resultado mortal.
A partir de los datos, la Guía destaca que “por cada persona que muere por suicidio, hay un promedio de 25 intentos. La mayoría de los casos no llegan a consumarse, por lo que la prevención es posible”.
Una guía con pautas para profesionales
La Guía analiza el peso de los “factores de riesgo” y los “factores protectores”, así como su entrecruzamiento, como aspectos a tener en cuenta para la prevención y abordaje.
Entre los factores de riesgo incluye antecedentes familiares y personales, rupturas interpersonales, problemas económicos y financieros, acceso a métodos letales, falta de apoyo, consumo de sustancias, etcétera.
Entre los factores protectores se encuentran el apoyo comunitario y familiar, el acceso a asistencia sanitaria, las creencias, la resiliencia y las habilidades de afrontamiento.
La Guía da pautas para las instancias de entrevista profesional, establece los indicadores de riesgo alto, moderado y bajo, así como recomendaciones de preguntas, evaluaciones y acciones en cada caso.
Evolución constante
El estudio realizado por el equipo que encabeza Etchevers resalta que “su desarrollo se basa en la mejor evidencia científica disponible hasta la fecha de su redacción, junto al aporte de destacados profesionales e investigadores de nuestro país”.
En ese sentido, explica que “además, para su elaboración se tuvieron en cuenta las características del contexto específico y se propusieron instrumentos de evaluación adaptados y validados para Argentina”.
Con una aclaración: “Dado que el conocimiento en esta área evoluciona constantemente, se recomienda efectuar su revisión y actualización de manera regular para garantizar que continúe reflejando los avances científicos y las mejores prácticas en la identificación temprana del riesgo suicida”.
Tiempo Argentino
