Son 13 los candidatos pero solo dos los que tienen chances de triunfar este domingo. Las proyecciones le dan cierta luz al actual presidente sobre su adversario, el senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La votación cruzó los límites de Brasil por la intromisión de EE.UU.
Es Lula o Bolsonaro. Es un Brasil diverso e inclusivo o la extrema derecha que vuelve con su batalla cultural. Es el carisma de un líder histórico de origen sindical que va por su cuarto mandato o un apellido vinculado al golpismo y las injerencias de Donald Trump y Marco Rubio.
Son los BRICS de un mundo multipolar que emerge o Estados Unidos con su proyecto de hegemonía hemisférica. Es el PT y sus aliados en un frente amplio con la burguesía paulista o un proyecto apoyado en la cultura de las armas y el agronegocio. Es cara o ceca en una votación que este domingo tienen en sus manos 158,7 millones de electores en la principal potencia económica de América Latina.
Brasil elige presidente entre 13 candidatos pero son solo dos que -según todas las encuestas- tienen chances de una victoria. Se conocerá en esta primera vuelta o, es muy probable, en el segundo turno previsto para el 25 de octubre. La paridad que arrastran los sondeos desde hace meses solo se movió pocos puntos porcentuales con una ligera distancia a favor de Lula. Las proyecciones le dan cierta luz sobre su adversario, el exsenador, abogado e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
“Make Brazil Quintal Again”
La votación cruzó los límites del Atlántico, la Amazonia y el Mato Grosso por la intromisión en los asuntos internos de Brasil que cometió el régimen que lideran Trump y Rubio, su hiperactivo secretario de Estado. Pero además porque el clan Bolsonaro, con Eduardo a la cabeza -hoy prófugo de la justicia brasileña-, reforzó el pedido de intervención de Washington. También boicoteó la economía de su propio país, haciéndole una propuesta de suba arancelaria al presidente de EE.UU.
“Make Brazil Quintal Again” (Hagamos de Brasil nuestro patio trasero), se leía en un grafiti pintado con ironía sobre la avenida paulista de esta capital estadual. Una marea de partidarios seguía a Lula camino al cierre de campaña.
El presidente volvió al mismo lugar en la rua Augusta para confundirse con la militancia del PT, el PSOL del psicoanalista Guilherme Boulos -su secretario de la presidencia- y la Rede de la pedagoga y ecologista Marina Silva. Pero si el color rojo de las remeras uniformizó a la multitud, mucha gente suelta acompañó a la caravana como en el 2022. La historia se sabe cómo terminó. Lula arrancó su tercer mandato en el Planalto. Una semana después una oleada de ultraderechistas lo tomó por asalto y destrozó su mobiliario. Pero el intento de golpe de Estado se frustró. Esta vez es diferente. Hay mucho optimismo en Lula y el PT. Incluso gente que se entusiasma con un potencial triunfo en primera vuelta.
“Don Ernesto” es el apodo de un influencer que se llama Ernesto José de Carvalho. Dice que “es una elección polarizada, con candidatos que superan los 40 puntos en las encuestas; esto indica que podría definirse en la primera vuelta, y espero que sea a favor del presidente Lula. En este momento, él ha conectado con un sector con el que normalmente no interactúa: los jóvenes. Así que creo que sí, y estamos trabajando para ello. Podemos resolverlo en la primera vuelta”, le dijo a Página/12 antes de que un militante lo interrumpiera al grito de “Haddad”.
Tiene un gran parecido físico con el exministro de Economía que renunció a su cargo para hacer campaña por la gobernación de San Pablo.
“Democracia o barbarie”
La multitud que siguió a Lula en el recorrido que empezó en la avenida paulista y se perdió por rua Augusta dejó un concepto suyo que define por qué decidió ponerse firme en la campaña contra las injerencias foráneas y la extrema derecha local: “Lucharé con todas mis fuerzas por el pueblo brasileño”, dijo y se notó demasiado. Con su dinamismo habitual y el sombrero Panamá que utiliza desde abril por una cirugía en la cabeza, comentó también que la dicotomía de la hora son “democracia y soberanía o barbarie y corrupción”.
Lula y Bolsonaro coincidieron en San Pablo y Rio de Janeiro, primero y tercer estado más poblados del país, para cerrar sus campañas. El exsenador llegó al día de la elección muy golpeado en varios frentes: por las denuncias de corrupción y de sumisión a Trump, el escándalo de la virgen católica Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil y el último que denunció el medio PlatôBR de orgías con prostitutas.
“¡Vamos, Brasil quiere un cambio! No votes en cuotas dos veces. Hacelo de una sola vez este domingo”, pidió Flavio en un video que posteó su socio político y gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, quien según todas las encuestas seguirá gobernando el estado.
Bolsonaro tiene decidido que si gana los comicios se sumará al llamado Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica con que EE.UU. atrajo a la mayoría de los países de la región, con la excepción de Brasil, Canadá México, Uruguay, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los tres primeros son las principales economías de América después de Estados Unidos. Lo que desvirtúa la visión triunfalista de Trump para contener la influencia de China en el continente. El primer socio comercial de Brasil, justamente.
Flavio, a diferencia de su padre, no se subió a una moto para cerrar su caravana. Pero sí continuó en la misma línea de confundirse en los colores de la camiseta del seleccionado Vinicius Junior y Raphinha. Con su infaltable verde amarela llamó a jugar “mi partido por Brasil”. Un candidato a pedir del fútbol pero que no es el dueño de la pelota.
Página 12
