Hubo gritos y gestos de hostilidad contra el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli; presentación de Fito Páez, planteos al Gobierno por la crisis en el sector y un diálogo celebrado con tres escritoras.

La inauguración de la 50° Feria Internacional del Libro fue una caja de sorpresas tan agradables como preocupantes. Las más 1500 personas que asistieron a la carpa montada en la pista central del predio de La Rural disfrutaron de un recital de Fito Páez al piano (cantó siete canciones, entre las que no podía faltar el himno “Yo vengo a ofrecer mi corazón”) y del diálogo entre Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, tres escritoras fundamentales de la literatura argentina.

Pero las tensiones que suscita el gobierno libertario en un contexto económico tan complejo para la industria editorial y para los ciudadanos en general estallaron cuando habló el Secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli. Un grupo de hijas e hijos que iniciaron los escraches y que ahora integran el grupo #sonsincuenta levantaron carteles en los que se leía: “¿Hasta cuándo nuestros libros junto con Martínez de Hoz y la Sociedad Rural?”. Y le gritaban al funcionario libertario: “¡50 años de complicidad con la dictadura, que digan dónde están!”.

Cifelli los increpó: “Saquen los carteles”. Luego, molesto, agregó, para ningunearlos: “Dejen de gritar que son cuatro gatos locos”. El auditorio devino un hervidero de gritos cruzados desde “chorro” hasta “¿por qué desfinancian las universidades públicas?”. El secretario de Cultura, un experto en provocar, como demostró en la apertura de la feria del año pasado, agradeció “a Javier Milei” y para quienes lo silbaban reiteró: “Por si no entendieron, se los repito de nuevo. Gracias a Javier Milei y Karina Milei”.

Entonces, envalentonado, ponderó que Milei vino a “ordenar” el país y arremetió contra los manifestantes: “¿O arreglaron ustedes lo de YPF?”. De pronto, un puñado de varones, entre 20 y 30 años, más fáciles de encontrar en las populares de cualquier cancha de fútbol que en la apertura de una feria, empezaron a alentar a Cifelli al grito de “Argentina, Argentina, Argentina”.

La perturbadora sensación era estar asistiendo a una suerte de recreación de la serie sobre Benito Mussolini y la Italia fascista en un ámbito inesperado. Esta cronista habló con uno de esos jóvenes libertarios, y dijo que fue invitado por “alguien de la facultad de Ciencias Económicas” y que era “contador matriculado”. No eran escritores, ni editores ni ilustradores ni traductores, libreros, o trabajadores vinculados al mundo del libro y de la edición. ¿Cómo entraron y quién los invitó? Un enigma que solo la Fundación El Libro, la entidad organizadora, podrá responder.

“Frente a quienes buscan instalar que para nuestra gestión la inversión en cultura no es prioridad, les digo que se equivocan, que nosotros elegimos otro camino: el del orden, la responsabilidad y el trabajo sostenido -continuó un Cifelli agigantado por la hinchada propia-. Nosotros no vinimos a realizar marketing cultural: vinimos a ordenar y a hacer que la cultura funcione”, subrayó y anunció que este año destinarán 2300 millones de pesos para el programa Libro%, un aumento del 50% respecto del año pasado.

El primero en tomar la palabra fue Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro (FEL), la entidad que organiza la feria, quien reconoció que el sector editorial lleva años estancado y recordó las cifras del último informe de la Cámara Argentina del Libro: en 2025 se publicaron más títulos que nunca —36.942, un 17% más que el año anterior— pero la tirada total cayó un 34%, de 52,6 millones de ejemplares a 34,6 millones, volviendo a niveles de 2019. Rainone destacó lo que hicieron en España, Brasil y México, y que en la Argentina no se hizo, que es construir ecosistemas sostenidos de políticas públicas para el libro.

“Invirtieron en hábitos de lectura de manera consistente durante décadas. Protegieron su canal de distribución y apostaron fuerte a la internacionalización: presencia en ferias, promoción de sus autores en el mundo, todo eso como resultado de un trabajo conjunto entre el sector privado y el Estado. Desarrollaron sistemas de medición precisamente para poder tomar decisiones basadas en evidencia, no en intuiciones. Hicieron lo que nosotros pedimos desde este escenario hace años sin que termine de ocurrir”, comparó el presidente de la FEL y pidió que para proteger y potenciar el canal de librerías es “fundamental” dar una solución efectiva al problema del recupero del IVA. “Las librerías son el eslabón donde el libro y el lector se encuentran fuera de la Feria el resto del año. Si ese eslabón se rompe, el ecosistema se rompe”.

Página 12

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