Se trata de Acon Timber, de capitales austriacos y belgas, instalado en 2024 en la localidad correntina de Gobernador Virasoro. La inversión inicial fue US$130 millones, pero un ejecutivo de la firma puso en duda la proyección de la segunda fase, debido a los costos logísticos extremadamente altos en Argentina comparándolos con Brasil y Uruguay.
Acon Timber, instalada en el interior correntino, analiza la segunda etapa de expansión de su planta de Gobernador Virasoro en Corrientes, luego de una inversión inicial cercana a los US$130 millones. Nicolás Crisp, presidente de la compañía en Argentina, explicó que la continuidad del proyecto estará vinculada a una mejora de las condiciones de competitividad.
“Todo eso va a depender de si hay un entorno más competitivo y sostenible. Son cambios estructurales y están siendo más difíciles de lo que pensábamos”, señaló.
Entre las principales dificultades, el ejecutivo mencionó los costos logísticos para trasladar la producción desde Corrientes hasta los puertos de exportación. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó Crisp.
La segunda fase permitiría ampliar el procesamiento desde los actuales 700.000 metros cúbicos anuales hasta una capacidad cercana a 1,3 millones. Crisp indicó que existen iniciativas para atender los inconvenientes identificados, aunque planteó la importancia de los tiempos: “La problemática se entiende y se está trabajando, pero está llevando más tiempo. A mí lo que me preocupa es que la industria y las empresas no tienen ese tiempo. No se puede esperar”.
La inversión realizada en Virasoro pertenece a un grupo de accionistas austríacos y belgas. Uno de ellos ya tenía inversiones forestales en la Argentina, y por eso conoce del potencial forestal todavía semi-explotado que tiene el país. mientras que el otro estaba buscando ingresar a este mercado. Ambos se asociaron, tomaron la decisión de construir el complejo y posteriormente conformaron el equipo local.
Crisp confirmó que ese grupo ya realizó un desembolso de unos 130 millones de dólares, lo que permite al aserradero estar funcionando casi a pleno. En una reunión de AFOA (Asociación Forestal Argentina) donde se presentaron otras posibles inversiones en el sector forestoindustrial, el ejecutivo se alegró de que la llegada de la empresa pueda haber destrabado una larga parálisis en esa economía regional.
“Puede ser que hayamos sido esa punta de lanza. La verdad es que es una muy buena noticia que se sigan anunciando proyectos. Hay disponibilidad de materia prima, pero hay que hacer rentable toda la cadena para que la actividad siga creciendo, se plantee más y se consuma más madera”, sostuvo.
En la planta correntina se producen tablas aserradas, secas y cepilladas. Además, todos los subproductos generados durante el proceso se utilizan para fabricar pellets, evitando que los residuos de la madera terminen desperdiciados. Recientemente, la empresa también instaló una línea de finger joint, una tecnología que permite detectar y eliminar los defectos de las tablas – como nudos, golpes u otras fallas de calidad – para después volver a unir las secciones aprovechables. De ese modo se mejora el rendimiento industrial de cada tronco y se obtiene un producto con mayor valor agregado.
La disponibilidad de madera en el nordeste argentino fue una de las principales razones que atrajeron a estos inversores. Acon Timber no cuenta con plantaciones propias como empresa, aunque algunos de sus accionistas poseen superficies forestadas mediante otras sociedades. Por eso, el aserradero funciona como una enorme boca de demanda para los productores de la región.
Actualmente recibe madera de más de quince proveedores y consume unos 700 mil metros cúbicos por año, equivalentes a la producción de aproximadamente 2.500 hectáreas forestales. La producción de madera elaborada se destina íntegramente a la exportación. En el caso de los pellets, en cambio, la compañía también intenta desarrollar mercados dentro de la Argentina y en los países vecinos.
Es precisamente allí, cuando la madera debe abandonar la planta y llegar hasta los mercados internacionales, donde comienza buena parte de los problemas que ahora padece cotidianamente Crisp.
“Ya sabíamos que hacer negocios en la Argentina y exportar desde la Argentina tenía dificultades. Pero cuando empezás a hacerlo te das cuenta de que es mucho más difícil que todo lo que te habían comentado”, reconoció el directivo.
El empresario enumeró una larga lista de obstáculos: una burocracia excesiva en los procesos de exportación, numerosos trámites y documentos, demoras en la recuperación del IVA, dificultades asociadas a la importación de los equipos utilizados para montar la planta y graves falencias de infraestructura.
Pero el principal problema, desde su óptica, continúa siendo la logística. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó.
La ubicación de la planta, en el norte correntino, permitiría pensar en el transporte fluvial como una alternativa natural. Los contenedores podrían trasladarse hasta puertos de Corrientes o Misiones y, desde allí, bajar en barcazas en lugar de recorrer cientos de kilómetros en camiones.
Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.
Corrientes Hoy
