Son las últimas imágenes del naufragio de la industria argentina. Cierres definitivos de empresas pymes o multinacionales. Ahogo financiero a los que intentan sobrevivir. Duro documento de empresarios nacionales exigiendo revertir estas políticas
“Hoy lo primero que te llama la atención cuando entrás en un parque industrial, es que donde antes había ruido de máquinas, movimiento de camiones, embotellamiento en los accesos, está todo en silencio y sin movimiento. En cualquiera: en el sur, en Plátanos, Berazategui, Quilmes. En Pilar el contraste es todavía peor, porque había mayor densidad de fábricas. En Pilar o Luján tenés oferta de galpones en parques donde antes no conseguías ni por casualidad. Hoy es entrar y sentir la paz de los cementerios”.
El crudo relato es de un empresario textil con cinco décadas en la actividad, que ya desde adolescente, cuando cargaba bobinas de tela para la fábrica de su padre, vio pasar el Rodrigazo delante suyo, sin entender demasiado de qué se trataba y, mucho menos, imaginar que era un suceso que iba a marcar toda su trayectoria en la actividad que elegiría: ser empresario industrial.
Aquél fue nada menos que el primer intento de ruptura del modelo de industrialización nacido en el primer gobierno de Perón, y que hoy enfrenta el más despiadado intento de demolición.
Cierres defensivos
La semana pasada se conoció la decisión de la empresa fabricante en Argentina del calzado deportivo John Foos, de abandonar la producción a fin de mes. A partir de entonces, y para no perder presencia de la marca en el mercado, se convertirá en importador de las mismas zapatillas, pero producidas en un país asiático.
La comunicación interna, a través de la cual le informa la novedad a su personal, habla de la situación de la empresa. Pero dice más sobre el destino de un país cuyo gobierno resolvió abandonar a su industria y dejar el mercado interno a expensas de la importación, con un dólar barato y servicios de energía y logística muy caros.
“La empresa se encuentra llevando adelante un proceso de reestructuración interna, orientado a adecuar su operación y garantizar la sustentabilidad del negocio en el largo plazo. Este proceso tiene como objetivo consolidar una estructura sólida que permita a la marca continuar activa y proyectarse hacia el futuro. La marca confía en que este proceso permitirá fortalecer su estructura y continuar creciendo en el mercado”, informó.
La empresa industrial se convierte en importadora “para fortalecer su estructura y continuar creciendo”. Una decisión que se adapta casi perfectamente a las condiciones imperantes con el actual modelo: importar en vez de producir, y alentar a los capitales que llegan para explotar las producciones primarias preferentemente con destino de exportación.
No hay plata, salvo para especular
“Para la producción no hay crédito, y para capital de trabajo, es decir financiamiento de muy corto plazo, el costo es altísimo. Acá cambiás un cheque (descontar un cheque con fecha diferida a cobrar en un banco, para obtener efectivo inmediato) y el costo final es del 6 por ciento mensual, el doble de la inflación. Y con el dólar planchado, es como si te cobraran un 6% mensual en dólares. ¿Así quieren que compita con la prenda de vestir importada? ¿Y me van a decir que yo, como empresario, no soy competitivo?“.
La amarga queja del industrial es el reflejo de una política monetaria que puso al sistema financiero bien lejos del histórico rol de ser rueda de auxilio de la producción y facilitador del consumo. Hoy esas mismas tasas usurarias son las que están provoncando un crecimiento aritmético de la morosidad de la deuda de los hogares, a la cual la única respuesta del gobierno, a través del ministro Caputo, es tienenegar el fenómeno.
“Te acorralan por todas partes. Este es un país inmenso que te podría dar la posibilidad de vender en todo el territorio, pero hoy los costos de logística son enormes. Hoy a mí me sale más caro transportar 25.000 kilogramos de ropa a Catamarca, que el costo que tiene traer ese mismo volumen desde China. Es así como te digo, con los números sobre la mesa, cuando comparás un flete marítimo intercontinental y el precio del transporte por camión dentro del país”.
Hay quien puede estar peor
?“Y los que venden máquinas y repuestos para los equipos industriales están peor que nosotros, los fabricantes”, agrega el apesadumbrado empresario que se prestó a este descarnado diálogo. “No es broma, conozco el caso. Si hoy se te rompe una pieza o una parte de una máquina de tejer, suponete que de diez que tenés en el taller, no vas a comprar el repuesto. Vas a desarmar otra que está parada, o directamente utilizás esa máquina y parás la que se rompió. Si tenés diez máquinas, lo más seguro es que hoy trabajen cuatro o cinco y el resto estén paradas. ¿Reponer la pieza que se rompió, para qué? Si sabés que por un buen tiempo no vas a necesitar las diez trabajando“.
El interlocutor agrega, para completar: “La empresa de la que te hablo que vende máquinas y repuestos, también compra equipos usados para revender. Sólo en la última semana, me contaban, recibieron llamados de tres tejedurías para que vaya a cotizarles las máquinas, porque están a punto de cerrar”.
El grito
El repaso de la tragedia en la que la actual política está hundiendo a cientos de miles de empresas industriales no tiene como reespuesta única bajar la cabeza, aceptar resignado la sentencia y transformarse de fabricantes a importadores, desentendiéndose del problema del conjunto.
Este fin de semana empezó a circular una “carta abierta al Presidente de la Nación” firmada por once entidades empresarias que, en un lenguaje y con una dureza poco habitual, no solo responden a las “descalificaciones discursivas” hacia los empresarios de parte de los más altos funcionarios, sino que manifiestan sin eufemismos la falsedad de los argumentos oficiales y denuncian al Congreso por “las vergonzosas negociaciones de castas” en vez de ponerse “a la altura de las circunstancias” para dar respuesta a la crisis.
“La política económica de su gobierno es abiertamente antiproductiva. Lejos de fomentar la producción nacional, se ha orientado hacia la especulación financiera y el endeudamiento público creciente”, le señalan al destinatario de la misiva, Javier Milei.
“Mientras tanto, ganan cada vez mayor evidencia las malversaciones cometidas por funcionarios políticos de alto nivel de su gobierno que, paradójicamente, asumieron anunciando que venían a dejar de ser tierra fértil para los políticos corruptos”, dice un par de párrafos más abajo.
“Ante el creciente aumento de la inflación, su gobierno ha comenzado a utilizar un argumento falaz: atribuirlo a los saltos de los precios internacionales. Se oculta así, deliberadamente, que la responsabilidad central recae en su propia política”, señala más adelante.
El aumento de los combustibles, el trigo y la harina, la carne,¿qué lo provoca?, se preguntan y responden; “unicamente la codicia de los sectores concentrados de la economía, que persiguen una rentabilidad insaciable sin advertir que el modelo está al borde de la explosión”.
Como salida, proponen que “en lo inmediato, y de manera elemental, el Congreso debe declarar las emergencias productiva, cambiaria y social. No se trata de una medida discrecional, sino de una obligación constitucional ante la evidencia irrefutable de que la producción nacional se encuentra colapsada y el tejido social se desgarra día a día con niveles de pobreza, indigencia y desamparo que no reflejan, Sr. Presidente, sus interpretaciones de las estadísticas que avergüenzan a la Nación entera”.
Estas entidades nacionales, como Apyme, CEEN y MP-25M, entre ellas, provinciales o locales expresadas por organizaciones de Santa Fe, San Martín, Moreno, Avellaneda, entre otras, optaron por un planteo de fondo, de los cuales los párrafos señalados son apenas una muestra. Reflejo de una situación de crisis terminal que muchos sufren, pero algunos empiezan a exigir revertirla.
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