En el marco de la Feria Iberoamericana del Libro, que se realizará del 1 al 11 de octubre de 2026 en el Domo del Centenario de Resistencia, el viernes 9 de octubre, a las 20:00, se presentará “Están volviendo”, última novela de Francisco Tete Romero, publicada por Editorial Contexto en la colección La Tierra sin mal, que dirige el escritor Juan Mario Basterra.

Estará acompañado en dicha presentación por Jimena Molina, profesora en Letras de la Facultad de Humanidades, y Daniel Omar Luppo, reconocido dramaturgo y gestor cultural a nivel nacional e internacional.

Con estudios preliminares de Nora Merlín y Daniel Omar Luppo, trascribimos a continuación parte del prólogo de la poeta Claudia Masin:

”Están volviendo, de Francisco Tete Romero, es una distopía que nos resulta dolorosamente cercana y familiar. Continuación de la novela Oler la tempestad, para la cual escribí un prólogo del cual me permito citar un fragmento aquí: A través de un admirable ejercicio de anticipación, el autor nos confronta con una pregunta crucial: ¿cuál está siendo, cuál es, cuál será el destino, el estatuto mismo de las palabras en un mundo hegemonizado por un capitalismo feroz, para el cual lo único valioso es lo utilitario, lo que pueda funcionar como mercancía, lo que genere ganancias, lo “productivo”? ¿Qué lugar entonces para la literatura, qué lugar entonces para la poesía, para todo aquello que -en lugar de fortalecer- apunta más bien a agrietar, y en última instancia a demoler, el imponente y poderosísimo edificio de lugares comunes, de palabras vacías, de slogans y clichés sobre los cuales el neoliberalismo se sostiene, se propaga y crece, dañándolo todo a su paso, construyendo subjetividades que acepten y hasta aplaudan ese vaciamiento, que acepten y aplaudan -incluso- medidas que llevarán tarde o temprano a su propia aniquilación?”.

En Están volviendo, la aniquilación ya se ha producido. Y hay novedades en relación a lo que sucedía en Oler la tempestad. Ya no estamos hablando solamente de una sociedad arrasada por el neoliberalismo, sino -lisa y llanamente- de una sociedad controlada por un fascismo en la plenitud del ejercicio de su prepotencia y su crueldad. Es esta, mayormente, una sociedad de seres humanos vaciados, entumecidos, cooptados por la hipervigilancia, la censura, la propaganda, sometidos por mecanismos de control tecnológicos que permiten invadir la intimidad y la libertad de cada persona, con el propósito de demoler su pensamiento crítico y su capacidad de discernir (mediante la coacción, el terror en algunos casos, mediante la aceptación entusiasta en otros).

La tecnología, en esta nueva sociedad, es la herramienta para evitar las palabras que podrían traer consigo el desasosiego y la insumisión: las gafas inteligentes – describe el novelista – disponían de diez fórmulas para usar adecuadamente las palabras que la Compañía nos decía que debíamos usar para preservar nuestra armonía social. Por eso la aplicación de google maps identificaba en el mapa las zonas de desasosiego en tres categorías, alta, media y baja. Por eso nos pedían que no hiciéramos contacto visual cuando algún desasosegado buscaba entablar comunicación con nosotros, ya sea verbal u ocular.

Hay incluso en esta nueva Argentina campos de concentración, llamados “de reeducación” para los Desasosegados. Lejos, para que no contagien a los sosegados, para que no los contaminen. Es el habla popular el peligro mayor, el habla que nos reúne, que salta del Yo a un peligroso Nosotros que es poderoso y valiente. Dicen los invasores (muchos de ellos nacidos en la tierra a la que rematan y malvenden) en este libro clarividente: Debemos erradicar el nosotros del habla argenta. Esa primera persona del plural está cargada de peligrosas asociaciones que debemos cancelar como opciones posibles. Pertenecen al limbo de los futuros truncos.

(…) Uno de los ayudantes – relata el autor- (…) maneja digitalmente el zoom para que en la pantalla se identifiquen con claridad calles, casas, patios, antros, plazas y parques donde el desasosiego brota y provoca contagios en el habla popular. Para que se identifique, por ejemplo, el brote viral de una canción de Gabo Ferro, un fragmento del Martín Fierro cuyo recitado está prohibido, es decir, para que se acallen las palabras capaces de mover las fibras del corazón anestesiado, del corazón que en algún pliegue aun guarda lo que ama, lo que es suyo, lo que le duele. El corazón de quienes están esclavizados pero de vez en cuando cantan y entonces las cadenas se sueltan. Porque en la sociedad que describe Romero también hay lugar para que florezca la desobediencia, la resistencia subterránea que espera pacientemente su hora para contraatacar. Es que en medio de esta desolación, escribe el novelista, están volviendo. ¿Quiénes? (…) quienes creían exterminados para siempre están volviendo.

Los muertos, los desterrados, los apestados vuelven como vuelve siempre lo reprimido, lo que ha sido violentado y se resiste a dejar que esa violencia venza y reine. Están volviendo, en esta novela recorren el antiguo país, ahora devenido colonia, en un tren mítico que lo atraviesa para liberarlo. Las personas salen a la puerta, a la ventana de sus casas para escuchar aquel rumor del tren de fantasmas que atraviesa el país de norte a sur y de este a oeste, ya es narración caudalosa con una diversidad de versiones, variantes y matices que ahora esa gente que viaja con ella está convirtiendo en algo así como un relato personal, una esperanza, un deseo.

Cuándo llegará. Por qué no llega todavía. Está cerca dice la más anciana de todos. Puedo escucharlo en las madrugadas. Falta poco, lo sé, ya falta poco.

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