Como fundador y coordinador responsable del Grupo Cabildo, sostengo que la integración del Mercosur y la Zicosur requiere aprovechar tanto el Atlántico como el Pacífico, diversificar los mercados y evitar la dependencia de una sola potencia o de un único esquema logístico.

Por el ing. José Sesma

Desde el Grupo Cabildo, y como promotor del anteproyecto “Corredor Bioceánico bimodal del Norte Grande argentino en el Trópico de Capricornio”, considero necesario hacer una aclaración, porque me parece injusto y, sinceramente, sorprendente que un colega ingeniero califique de “acto de traición a la patria” a quienes promovemos la conexión de nuestra producción con los puertos del Pacífico.

También soy uno de los que promueve la posibilidad de alcanzar los puertos del norte de Chile y los 46 puertos de ultramar del Perú, mediante los distintos corredores bioceánicos y, particularmente, a través de nuestra propuesta de un corredor bicontinental.

¿Desde cuándo buscar nuevas alternativas de integración comercial puede considerarse una traición a la Patria? Por el contrario, lo que estamos proponiendo es integración.
Integración del Mercosur, integración de la Zicosur, integración del norte grande con el resto de la argentina y, fundamentalmente, integración del cono sur con los grandes mercados mundiales.

No estamos proponiendo abandonar nuestros puertos argentinos ni dejar de utilizar el océano atlántico. Todo lo contrario.
Estamos proponiendo tener más alternativas logísticas, mayor capacidad de negociación y más posibilidades para que nuestros productores e industriales puedan acceder a los mercados internacionales.

No se trata de izquierda o derecha

Aquí no se trata de izquierda o derecha, ni de comunismo o capitalismo. Es una cuestión fundamentalmente geopolítica, económica, estratégica y de soberanía logística.
No podemos seguir analizando la infraestructura y el comercio internacional exclusivamente con las categorías políticas del siglo XX.

El mundo está cambiando. Las grandes potencias están diseñando sus propias estrategias comerciales, energéticas, tecnológicas, portuarias, ferroviarias y de abastecimiento para las próximas décadas. Y nosotros también debemos pensar estratégicamente.

La pregunta que debemos hacernos es muy sencilla: ¿queremos tener capacidad propia para decidir por dónde y con quién comercializamos nuestra producción, o queremos depender de un tercero que termine condicionando nuestras alternativas?

El Corredor Andes–Atlántico también debe ser analizado geopolíticamente

Hay un aspecto que considero que no podemos ignorar.
El 23 de septiembre de 2026, Argentina y Estados Unidos lanzaron oficialmente el denominado “corredor andes–atlántico”, una iniciativa conjunta para fortalecer y modernizar la infraestructura que conecta sectores económicos estratégicos argentinos con los principales puertos del atlántico y los mercados occidentales.

El comunicado oficial de ambos gobiernos señala que el corredor busca impulsar inversiones de largo plazo en infraestructura de transporte, energía y conectividad digital, incluyendo ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos, gasoductos e infraestructura eléctrica. También destaca el papel de Estados Unidos como socio fundamental para la infraestructura y la inversión en Argentina.

No estoy diciendo que argentina no deba trabajar con Estados Unidos. Por supuesto que debe hacerlo.
Argentina debe trabajar con Estados Unidos, con Europa, con China, con India, con Brasil, con Chile, con Perú y con todos los países con los cuales podamos desarrollar relaciones comerciales beneficiosas.

Pero justamente por eso debemos preguntarnos: ¿por qué deberíamos desarrollar el Corredor Andes–Atlántico sin impulsar, simultáneamente, corredores que nos permitan acceder al Pacífico? ¿Por qué una alternativa debería excluir a la otra?

Si Estados Unidos desarrolla una estrategia para fortalecer las cadenas de suministro occidentales y vincular nuestros recursos con los puertos del atlántico y los mercados de occidente, es absolutamente legítimo que nosotros, desde una visión de soberanía y autonomía estratégica, pensemos también en nuestra vinculación directa con el pacífico y con los mercados asiáticos.

No se trata de estar contra Estados Unidos. Se trata de no depender exclusivamente de Estados Unidos. Y tampoco se trata de estar a favor de China. Se trata de que Argentina y el Cono Sur tengan capacidad para negociar directamente con todos.

Esa es precisamente la diferencia entre tener un socio comercial y depender de un intermediario para acceder a determinados mercados.

¿Quién decide con quién comerciamos?

Por eso me preocupa cuando se pretende instalar la idea de que quienes defendemos los corredores hacia el pacífico somos “comunistas”, “traidores” o estamos entregando nuestra soberanía.

No sería mucho más lógico preguntarnos, ¿por qué deberíamos renunciar voluntariamente a una alternativa estratégica de salida al pacífico?
Si mañana tenemos producción para vender a Asia, ¿por qué deberíamos estar obligados a enviarla por rutas que no sean las más convenientes para nuestros intereses?
¿Por qué no podríamos llevarla directamente por un corredor bioceánico hacia los puertos del pacífico, cuando esa alternativa resulte competitiva?

La verdadera soberanía consiste precisamente en tener opciones.
Si tenemos una sola salida, dependemos de ella.
Si tenemos dos, podemos elegir.
Si tenemos múltiples corredores, múltiples puertos y acceso a ambos océanos, nuestra capacidad de negociación aumenta considerablemente.

¿Por qué mirar hacia el oeste y hacia el Pacífico?

Porque el mundo no termina en el Atlántico. La unión europea está integrada por 27 países y reúne casi 450 millones de habitantes. Es un mercado enorme e importante, y debemos seguir trabajando para acceder a él.
Pero Asia concentra aproximadamente el 58,6 % de la población mundial, con unos 4.800 millones de habitantes.

Entonces pregunto:

  • ¿Por qué deberíamos renunciar a mirar hacia ese mercado?
  • ¿Acaso acceder al Pacífico significa abandonar Europa?
  • ¿O utilizar los puertos del Pacífico significa dejar de utilizar nuestros puertos del atlántico?

Por supuesto que no. Significa exactamente lo contrario: ampliar nuestras posibilidades.
No se trata de reemplazar un mercado por otro, sino de diversificar nuestros destinos comerciales y evitar que la economía argentina quede excesivamente condicionada por una sola ruta, un solo bloque económico o una sola potencia.

El mundo está cambiando

La escala del comercio internacional también está cambiando.
Hoy existen buques portacontenedores megamax de aproximadamente 400 metros de eslora, 61,5 metros de manga y una capacidad cercana a los 24.000 teus, unidad equivalente a un contenedor de veinte pies.

Estamos hablando de una escala logística completamente diferente a la que conocíamos décadas atrás. Y esto tiene una consecuencia directa: tenemos que diseñar nuestra infraestructura pensando en el comercio de las próximas décadas, no solamente en el comercio del pasado.

Asia es uno de los grandes centros de producción, consumo e intercambio del planeta.
Por eso debemos estar preparados para llegar a esos mercados mediante las rutas más eficientes y competitivas, teniendo en cuenta los costos logísticos, los tiempos de transporte, la capacidad portuaria y las características de los buques que operan en el comercio internacional.

No podemos depender de un único intermediario

No considero conveniente que nuestra producción tenga que depender necesariamente de un tercero para llegar a los grandes mercados internacionales, la verdadera soberanía no consiste solamente en tener territorio, bandera y recursos naturales.

También consiste en tener infraestructura, conectividad y capacidad de decisión.
Si producimos alimentos, minerales, energía, hidrocarburos, productos industriales y manufacturas, debemos tener diferentes alternativas para colocarlos en el mundo.
Y cuanto más alternativas tengamos, mayor será nuestra capacidad de negociación.

No se trata de estar contra Estados Unidos, contra Europa, contra China ni contra ningún otro país. Se trata de que ninguna potencia tenga que convertirse necesariamente en nuestro intermediario. Debemos poder relacionarnos directamente con todos.

“El Cono Sur no puede ser el patio trasero de nadie”

Tampoco quiero que el cono sur termine siendo el patio trasero de ningún país ni de ninguna potencia.
Queremos un desarrollo equilibrado entre nuestros países.
Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú y Uruguay tienen enormes posibilidades de complementarse.
Tenemos energía.
Tenemos alimentos.
Tenemos minerales estratégicos.
Tenemos producción agropecuaria.
Tenemos industria.
Tenemos recursos naturales.
Tenemos la Hidrovía.
Tenemos los océanos Atlántico y Pacífico.

Lo que necesitamos es integrar toda esa infraestructura y esa capacidad productiva mediante corredores modernos, ferroviarios, carreteros, fluviales, energéticos y portuarios.
No podemos limitarnos a exportar materias primas sin desarrollar, al mismo tiempo, las infraestructuras y las capacidades industriales que permitan agregar valor, generar empleo y fortalecer nuestras economías.

La integración debe servir para que nuestros países se complementen y para que los beneficios del comercio internacional contribuyan al desarrollo de toda la región.

Por eso propongo el Corredor Bioceánico Bimodal Intercontinental

Mi propuesta del Corredor Bioceánico Bimodal del Norte Grande Argentino en el Trópico de Capricornio busca precisamente eso:

  • Integrar, no competir.
  • Complementar, no excluir.
  • Sumar alternativas, no eliminar las existentes.

Un corredor ferroviario y carretero que atraviese el Norte Grande argentino, que permita articular las conexiones con el Atlántico y con la Cordillera de los Andes y que, desde allí, pueda vincularse con los puertos del norte de Chile y con los puertos de ultramar del Perú.
Entre ellos, Antofagasta, Iquique y Arica, en Chile, y los puertos peruanos, incluyendo Ilo y la conexión hacia el moderno puerto de Chancay.

La propuesta también contempla una visión de integración continental que permita proyectar futuras conexiones hacia Ecuador, Colombia y Venezuela, de acuerdo con las posibilidades técnicas, económicas y de infraestructura de cada tramo.

Esto permitiría ampliar las alternativas para transportar nuestra producción hacia el Pacífico y, desde allí, hacia los grandes mercados asiáticos.
Pero repito: sin abandonar el Atlántico ni nuestros puertos argentinos.
La finalidad es construir una red de infraestructura que permita elegir la alternativa más conveniente para cada carga y cada destino.

No se trata de “o”. Se trata de “y”

Nuestros Corredores Bioceánicos no deben ser concebidos como una disputa entre el Atlántico y el Pacífico.
Deben ser concebidos como una red complementaria de infraestructura continental.
Porque el crecimiento de la producción del Cono Sur será de tal magnitud que necesitaremos todos los corredores disponibles.

Brasil, por ejemplo, ha registrado un importante crecimiento de su producción de soja. Las cifras de las campañas recientes y las proyecciones para las siguientes muestran la magnitud de ese desarrollo agrícola, aunque las estimaciones varían según la campaña y la fecha de cada relevamiento. Las proyecciones más recientes para 2026-2027 se aproximan a los 182 millones de toneladas.

Pero ese volumen representa solamente una parte de lo que deberá movilizar nuestra infraestructura.
A la producción agrícola debemos agregar la creciente producción avícola, ganadera, minera, metalmecánica, industrial y energética, entre muchas otras actividades.
¿Realmente creemos que un solo corredor, un solo océano o un solo sistema portuario será suficiente para semejante crecimiento? Creo que no.

Por eso debemos construir una red continental de corredores complementarios, planificados de manera coordinada para integrar la producción, los centros industriales, las fronteras, los ferrocarriles, las carreteras, las hidrovías y los puertos.
No se trata de construir corredores que compitan innecesariamente entre sí, sino de conseguir que se complementen para ampliar la capacidad logística del conjunto.

La soberanía también es tener opciones

Por eso no comparto que promover la salida al Pacífico sea entregar soberanía.
La soberanía no se pierde por tener más alternativas, se debilita cuando no las tenemos y quedamos obligados a depender de terceros.
Si podemos exportar una determinada producción por el Atlántico, por el Pacífico, por la Hidrovía o mediante diferentes combinaciones ferroviarias, carreteras y fluviales, nuestra capacidad de decisión será mucho mayor.

Eso no significa abandonar nuestros puertos. Significa fortalecerlos mediante la competencia, la complementariedad y una planificación logística de conjunto.
La posibilidad de elegir entre distintas rutas puede mejorar nuestra capacidad para negociar costos, tiempos y condiciones de transporte. También puede contribuir a reducir vulnerabilidades ante interrupciones, restricciones o cambios en las condiciones del comercio internacional.

Una visión de conjunto

Por eso mi propuesta no debe ser interpretada como un proyecto exclusivamente argentino.
Es una propuesta para el Norte Grande Argentino, el MERCOSUR, la ZICOSUR y el Cono Sur, con una perspectiva de integración continental que, en una etapa futura, pueda proyectarse hacia una ZIAMESUR.

Es una propuesta de integración regional.

  • Para conectar producción con infraestructura.
  • Para acercarnos simultáneamente a Europa y Asia.
  • Para aprovechar el Atlántico y el Pacífico.
  • Para que nuestros países puedan comerciar directamente con el mundo.

Y, fundamentalmente, es una propuesta para que nosotros mismos podamos decidir por dónde, cómo y con quién comercializamos nuestra producción.
Por eso sostengo:
No se trata de “o”. Se trata de “y”.
Atlántico Y Pacífico.
Puertos argentinos del Atlántico Y puertos del Pacífico.
MERCOSUR Y ZICOSUR.
Europa Y Asia.
Hidrovía Y ferrocarril.
Carretera Y ferrocarril.
Integración nacional e integración continental.
Corredor Andes–Atlántico Y Corredores de integración hacia el Pacífico.

Porque si aceptamos que una única potencia, un único bloque o un único esquema logístico determine nuestras alternativas comerciales, estaremos reduciendo nuestra capacidad de decisión.

Pero si construimos múltiples alternativas, tendremos la posibilidad de elegir.
Y esa es, precisamente, la verdadera soberanía.
Por eso considero equivocado intentar descalificar estas propuestas llamándolas “comunistas”, “de izquierda” o “traidoras a la Patria”.
La integración con el Pacífico no es comunista.
La integración con el Atlántico no es capitalista.
Un ferrocarril no es de izquierda ni de derecha.
Un puerto no es comunista ni capitalista.
La infraestructura no tiene ideología.

Tiene una función estratégica: INTEGRAR territorios, reducir costos, generar desarrollo y permitir que nuestros pueblos puedan comerciar con el mundo.
Y si otros países están diseñando sus propias estrategias para asegurarse mercados, recursos naturales, energía y cadenas de suministro, nosotros también tenemos el derecho y la obligación de diseñar la nuestra.

No queremos ser el patio trasero de Estados Unidos.
Pero tampoco queremos ser el patio trasero de China, de Europa ni de ninguna otra potencia.
Queremos que el Cono Sur sea protagonista.
Queremos poder negociar con todos.
Queremos poder comerciar con todos.
Queremos poder elegir nuestras rutas.
Queremos poder elegir nuestros mercados.
Y queremos que nuestra producción pueda salir por nuestros corredores hacia ambos océanos.
Porque el futuro no debe ser Atlántico o Pacífico. Debe ser Atlántico y Pacífico. Europa y Asia.
Mercosur y Zicosur, con una proyección futura hacia Ziamesur. Integración y soberanía.
Porque el verdadero acto de soberanía no es cerrarnos al mundo.

Es tener suficientes alternativas para que nadie pueda decidir por nosotros.
Y eso, lejos de ser una traición a la Patria, es precisamente defenderla con infraestructura, integración y una visión geopolítica del siglo XXI.

Ing. José Sesma

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